Al arrancar el carbón en las minas se perforan, a veces, bolsas de grisú. Es un gas muy peligroso, cuyo componente principal es el metano. Suele estallar al contacto de una llama o de una simple chispa. Ocasiona incendios y derrumbamientos.
Las explosiones de grisú constituyen una amenaza permanente en las minas de carbón. Para garantizar la seguridad de los mineros, suelen instalarse en las galerías aparatos de ventilación de gran potencia y otros destinados a detectar la presencia de grisú. Además, y para evitarla propagación de una explosión, se dividen las galerías, por medio de tabiques, en compartimientos y secciones. En el interior de la mina está rigurosamente prohibido encender fuego, ni que sea el de una cerilla.
El nacimiento del Paricutín
El día 20 de febrero de 1943 cavaba el labriego Dionisio Pulido en su parcela de tierra, en las proximidades de Paricutín, en el estado de Michoacán, en el sur de México. De repente comenzó a moverse la tierra bajo sus pies con una violencia cada vez mayor. Un pozo abierto por él, a unos cincuenta metros de distancia se ensanchó, transformándose en un abismo del cual salían humo y nubes de ceniza.
Al otro día el cono, que ya había alcanzado siete metros de altura, arrojaba piedras candentes y lava en cantidades cada vez mayores. Al término de cinco días era una montaña de 180 metros de altura, de actividad volcánica permanente. Había nacido el Parícutin, el volcán más joven del mundo en ese entonces. En la actualidad, mide unos 450 metros de altura. De la casa y la propiedad de Dionisio Pulido queda tan sólo el recuerdo. Aventaja en edad al Parícutin, pero continúa "volcánicamente" joven, el Jorullo (1.300 m.), un volcán situado a un centenar de kilómetros del primero, cuya actividad se inició en 1759.
Al otro día el cono, que ya había alcanzado siete metros de altura, arrojaba piedras candentes y lava en cantidades cada vez mayores. Al término de cinco días era una montaña de 180 metros de altura, de actividad volcánica permanente. Había nacido el Parícutin, el volcán más joven del mundo en ese entonces. En la actualidad, mide unos 450 metros de altura. De la casa y la propiedad de Dionisio Pulido queda tan sólo el recuerdo. Aventaja en edad al Parícutin, pero continúa "volcánicamente" joven, el Jorullo (1.300 m.), un volcán situado a un centenar de kilómetros del primero, cuya actividad se inició en 1759.
Erupción del Paricutín
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Johannes Kepler
Al atardecer del 15 de noviembre de 1630, en un modesto cuartito de la casa de un comerciante de Ratisbona, en Alemania meridional, moría un hombre pequeño, endeble y relativamente joven. Casi nadie, al enterarse a la mañana siguiente de esta desaparición solitaria, le concedió mayor importancia.
Así pasó inadvertida la muerte de uno de los más grandes astrónomos de la historia, del hombre que había establecido las tres leyes fundamentales del movimiento de los planetas: Johannes Kepler.
Johannes Kepler nació en Weilder-Stads en Württemberg —Alemania Meridional— el 27 de diciembre de 1571. Era hijo de un pobre mesonero y, naturalmente, tuvo que trabajar como camarero en el hospedaje paterno. Como era muy delicado de salud, no se prestaba para este trabajo, por lo que decidieron enviarlo a estudiar para hacer de él un pastor protestante. Y eso fue precisamente una gran suerte para la astronomía. Kepler ingresó en el famoso seminario universidad de Tubingen, donde estudió teología y donde se produjo un acontecimiento de decisiva influencia en su vida: encontró un profesor que le expuso el sistema de Copérnico. Nicolás Copérnico, sabio polaco, había publicado, casi treinta años antes del nacimiento de Kepler, su teoría sobre el sistema solar, que negaba la teoría de Claudio Ptolomeo (siglo II de nuestra Era) que suponía a la Tierra inmóvil en el centro del Universo con el Sol y los planetas girando en derredor de la misma. Copérnico, en cambio, sostenía justamente que el Sol y no la Tierra es el centro del sistema, mientras que la Tierra es un planeta igual a los otros, incluidos todos en un movimiento en derredor del Sol. Kepler captó sin tardanza alguna la exactitud de esta teoría, y se convirtió en ferviente partidario del nuevo enfoque. Su nombre no tardó en hacerse famoso, tanto que, en 1599, el célebre astrónomo danés Tico Brahe lo invitó a trasladarse a Praga, como asistente suyo.
Así pasó inadvertida la muerte de uno de los más grandes astrónomos de la historia, del hombre que había establecido las tres leyes fundamentales del movimiento de los planetas: Johannes Kepler.
Johannes Kepler nació en Weilder-Stads en Württemberg —Alemania Meridional— el 27 de diciembre de 1571. Era hijo de un pobre mesonero y, naturalmente, tuvo que trabajar como camarero en el hospedaje paterno. Como era muy delicado de salud, no se prestaba para este trabajo, por lo que decidieron enviarlo a estudiar para hacer de él un pastor protestante. Y eso fue precisamente una gran suerte para la astronomía. Kepler ingresó en el famoso seminario universidad de Tubingen, donde estudió teología y donde se produjo un acontecimiento de decisiva influencia en su vida: encontró un profesor que le expuso el sistema de Copérnico. Nicolás Copérnico, sabio polaco, había publicado, casi treinta años antes del nacimiento de Kepler, su teoría sobre el sistema solar, que negaba la teoría de Claudio Ptolomeo (siglo II de nuestra Era) que suponía a la Tierra inmóvil en el centro del Universo con el Sol y los planetas girando en derredor de la misma. Copérnico, en cambio, sostenía justamente que el Sol y no la Tierra es el centro del sistema, mientras que la Tierra es un planeta igual a los otros, incluidos todos en un movimiento en derredor del Sol. Kepler captó sin tardanza alguna la exactitud de esta teoría, y se convirtió en ferviente partidario del nuevo enfoque. Su nombre no tardó en hacerse famoso, tanto que, en 1599, el célebre astrónomo danés Tico Brahe lo invitó a trasladarse a Praga, como asistente suyo.
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