Historia de los regímenes laborales en el mundo

HISTORIA DEL TRABAJO
   En época muy remota, el hombre empezó a aprovechar el trabajo ajeno mediante el régimen de la esclavitud, que alcanzó gran desarrollo en los pueblos antiguos.
   Desde el siglo IX se generalizó en Euro­pa, bajo el feudalismo, el régimen de la servidumbre, que subsistió hasta el Rena­cimiento. El siervo, a semejanza del colo­no romano, era una especie de "esclavo de la gleba", es decir, de la tierra que traba­jaba y que no podía abandonar, aun cuan­do su señor la vendiese o arrendase.
Entre los siglos XIII y XVI llegó a su apogeo, en las ciudades europeas, el régi­men corporativo. Consistía en la asociación profesional de los patronos y obreros de un mismo oficio, en corporaciones o gre­mios. Estos gremios reglamentaban estric­tamente el ingreso y ejercicio del oficio, fijando normas técnicas y, a veces, limitaciones a nuevos trabajadores.
   La Revolución Francesa consagró la des­aparición del régimen corporativo y la vi­gencia de la libertad de trabajo.
   Esa libertad de contratar fue muchas veces para el obrero un derecho ilusorio: las condiciones de trabajo las imponía el patrono y el obrero se veía obligado a acep­tarlas por necesidad.
   De aquí surgió, en el sector obrero, la necesidad de organizarse en asociaciones gremiales para defensa de sus derechos e intereses (sindicalismo). Y surgió también la necesidad social de que el Estado inter­viniese, imponiendo una legislación obrera de protección, para compensar su desven­taja frente al patrono. Así apareció el Derecho del Trabajo.

¿Qué es un fueraborda?

La palabra designa, en principio, un motor amovible fijo fuera de la tablazón (es decir, en la parte exterior del espejo de popa) de una embarcación. Por extensión, se aplica este nombre a la lancha de carreras ligera que va equipada con él. La popa de los fueraborda es plana, mientras que la proa está redondeada en forma de cuchara, para que pueda levantarse por encima de las olas. El casco ofrece una forma parti­cular, llamada rediente, que facilita el despegue de la superficie del agua y le permite alcanzar gran velocidad (esta forma se encuentra también en los flota­dores de un hidroavión, así como en el fondo del casco de los hidros de barqui­lla).
Los fueraborda se dividen en cinco clases, según la cilindrada de su motor: Junior, A, B, C y X. Algunos de ellos pueden superar los 130 km/h.

El periscopio

   En su forma más elemental, el periscopio es un tubo de cartón en cuyas extremi­dades han sido fijados dos espejuelos inclinados 45°, y cada uno de ellos frente a una abertura. Así son ciertos juguetes que se venden para ver desfiles y otros espectáculos callejeros por encima de la multitud.
   Muy parecidos a éstos eran los llamados periscopios de trinchera, utilizados duran­te la Primera Guerra Mundial y que servían para observar al enemigo sin ser visto y poder vigilar los alrededores peligrosos sin tener que salir de la zanja... En lugar de llevar espejuelos estaban equipados con prismas de reflexión total. Pero el campo que permitían descubrir era pequeño. Pos­teriormente se han realizado periscopios cuya lente tiene un campo visual mucho más amplio. Las campanas de los vigías de la línea Maginot estaban equipadas con estas lentes.