La torre Eiffel

   Sin la torre Eiffel, París no sería verdaderamente París. Sin embargo, cuando el proyecto de Gustave Eiffel fue puesto en eje­cución, en 1887, muchos fueron los que ya desde entonces la ca­lificaron de "fea y negra chimenea de fábrica" Pero, pese a que no gustó a todo el mundo, se puede decir que la Revolución tuvo un aniversario grandioso y que la torre estuvo a la altura del acontecimiento: 312 metros de hierro erigidos en flecha gigantesca...
   El trabajo de construcción fue impresionante: se necesitaron más de 4 000 m² de papel para dibujar los planos y 15 000 ele­mentos metálicos que fueron perforados con siete millones de agujeros para unirlos mediante 2 500 000 remaches. En dos años todo quedó terminado, ¡y sin un solo accidente!
   La torre resultó útil: en 1889 se hizo el primer enlace telegrá­fico; en 1921 se logró la primera emisión de radio y, en 1957, se remató la torre con una plataforma y una antena de televisión.
   La torre Eiffel recibe más de tres millones de visitantes por año. Sus escaleras han visto pasar a ciclistas, motociclistas, un panadero sobre zancos e incluso... ¡un elefante!

¿Cuáles son las partes de un barco?


   Hay muchas clases de barcos, todos ellos muy distintos entre sí. Pero ciertas partes de ellos tienen el mismo nombre.
   La proa es la punta del barco. Cuando vamos hacia la proa vamos hacia adelante.
   La popa es la parte posterior del barco.
   La cubierta levantada de la proa es el castillo de proa y la cubierta levantada de la popa es la toldilla. Todo lo que está encima de la cubierta principal es la superestructura.
   El cuerpo del barco se llama casco. La parte del casco que se encuentra arriba de la línea de flotación se llama francobordo u obra muerta y la parte del barco que está debajo de la línea de flotación se llama fondo. La espina dorsal del barco, a lo largo del fondo, es la quilla. La curva del casco, desde el costado hasta el fondo, se llama pantoque.
   La distancia entre la línea de flotación y el fondo, hasta la quilla es el calado. El calado es la profundidad que debe tener el agua para que el barco pueda flotar.
   Cuando, estando en un barco, vemos hacia adelante, el lado de babor se encuentra a la izquierda y el de estribor a la derecha. La distancia mayor a través del barco, desde ba­bor hasta estribor es la manga.
   La superestructura desde la cual se lleva el mando del barco se llama puente. Generalmente, aunque no siempre, el puente se encuentra en medio del navío.
   Las escaleras de los barcos se llaman escaleras de cámara.
   El muro de un compartimiento se llama mamparo.
   El espacio de almacenaje bajo cubierta es la bodega.
   Cualquier cuarto de baño es la letrina.
   El timón es una plancha plana, unida con goznes a la quilla en la parte de la popa. Sirve para gobernar el barco y se maneja por medio de la rueda del timón.
Continúa leyendo: por qué flotan los barcos...

¿Por qué parece moverse la imagen de la televisión?

  La imagen de la televisión parece moverse por el mismo motivo que parecen moverse las imágenes en el cine.
¿Quién no ha tenido en sus manos uno de esos libritos que al hojearlos rápidamente dan la impresión de que se mue­ven las imágenes que contiene? En lugar de ver muchas imágenes, cada una de ellas un tanto distinta que la anterior, parece que vemos una sola imagen en movimiento.

  La televisión y el cine son muy semejantes a las imáge­nes del librito de la derecha. En realidad, esas imágenes no se mueven. Cada una de ellas es un poco diferente de la anterior. Si las contemplamos una tras otra, en rápida sucesión, se funden y parecen ser una sola imagen que se mueve.
  Eso ocurre porque la vista se engaña fácilmente. Si las imágenes pasan ante la vista a una velocidad mayor de diez por segundo, es imposible separarlas. Estamos viendo una imagen, cuando ya apareció la siguiente. Con esa rapidez, la vista no puede separar una imagen de otra.
"La imagen debe haberse movido", nos dice la vista.
  Parece, en efecto, haberse movido, pero en realidad es una serie de imágenes que cambian tan rápidamente que la vista no las puede seguir.
  Las imágenes de la televisión cambian treinta veces por segundo. ¡En un programa de una hora vemos 108,000 imá­genes distintas!