¿Las personas son atraídas por personas que se parezcan a ellas?

   Sí, dice Linda Roberts, profesora de desarrollo humano y estudios familiares en la Universidad de Wisconsin-Madison.
   Roberts, quien estudia la familia, dice que la evidencia apoya esta sabiduría popular. La gente es generalmente atraída por otra gente de clase social, edad y etnia similares. Para ilustrar este punto en su clase sobre relaciones de pareja, ella elige a un alumno que se encuentra en una relación a largo plazo y pretende averiguar las características de la pareja, basando sus conjeturas sobre las características del propio estudiante.
   "Puedo acertar con algún grado de certeza", dice. "No es perfecto, pero los pájaros del mismo plumaje vuelan juntos cuando buscan aparearse".
   La tesis de "atracción entre iguales" se reafirma en ciertas preferencias al momento de elegir pareja, añade Roberts.
   "La gente elige compañeros que tienen la misma longitud en el lóbulo de la oreja o anchura de nariz. Parece que es inconsciente, pero la verdad es que tenemos una propensión a elegir las personas que se parecen a nosotros mismos. "
   Los hombres y las mujeres tienden a elegir parejas con el mismo nivel general de atractivo, añade Roberts. Estadísticamente, alguien de belleza despampanante elige a alguien despampanante, y la gente regular tiende a elegir el centro del espectro. "Obviamente hay una gran cantidad de excepciones, pero esta es la tendencia", dice.
   Finalmente, los investigadores han "demostrado" otra poca de sabiduría popular: la gente se parece a sus perros. O por lo menos, en un experimento con base únicamente en retratos, los participantes pudieron acertar qué perros correspondían a sus respectivos dueños, mejor de lo que el azar podría predecir.

¿Por qué el cielo cambia a verde antes de un tornado?


   Scott Bachmeier, meteorólogo investigador en el Instituto de Meteorología satelital  de la Universidad de Wisconsin-Madison, dice que las partículas en el aire dispersan la luz. En el día, las partículas dispersan principalmente la luz violeta y azul, pero nuestros ojos son más sensibles a la luz azul — es por eso que el cielo se ve azul.
   Las tormentas eléctricas, que pueden ser el hogar de los tornados, suelen ocurrir al final del día, cuando el Sol se aproxima al horizonte. Esto crea un tinte rojizo en el cielo, como cualquiera que ha disfrutado de los atardeceres sabe. La luz bajo una nube de tormenta a unos 18 km de altura es sobre todo azul, esto debido a la dispersión de las gotas de agua dentro de la nube. Cuando las nubes azules se iluminan con la luz roja del atardecer, dice Bachmeier, adquieren un color verde.
   El verde es importante, pero no es una prueba de que un tornado esté en camino. Una nube verde "sólo se producirá si la nube es muy espesa, que por lo general es una característica de las nubes de tormenta", dice Bachmeier. "Esas son el tipo de tormentas que pueden producir granizo y tornados." El color verde indica que la nube es extremadamente alta, y ya que las nubes de tormenta son las más altas de las nubes, el verde es una señal de advertencia de que granizo de gran tamaño o un tornado puede llegar a estar presente.

¿Por qué con algunas piedras se construían amuletos y sellos?

   Las raras y bellísimas piedras de color, casi siempre de pequeñas di­mensiones y que se encuentran en las cuevas o los arenales de los ríos, han llamado la atención del hombre desde los tiempos más re­motos. Nuestros antepasados no acertaban a explicarse de dónde procedían aquellas piedrecillas bri­llantes y de vivos colores, que no se parecían a ninguna de las rocas conocidas. Puesto que eran muy supersticiosos, empezaron a considerarlas se­ñales de los dioses y llegaron a creer que la posesión de una de ellas equivalía a la protección divi­na contra cualquier clase de cala­midades y desgracias. Nacieron así los amuletos, de cuya utilización son testigos los antiquí­simos hallazgos prehistóricos. Con el paso del tiempo, y a medida que avanzaba la civilización, el hom­bre aprendió a embellecer las pie­dras preciosas pulimentándolas y tallándolas en formas regulares, para engarzarlas luego en metales preciosos como el oro y la plata. Más adelante, alguien tuvo la idea de grabarlas con dibujos decorati­vos y personales, de forma que su propietario pudiera reconocerlas fácilmente en caso de pérdida o robo. Las piedras así trabajadas dejaban su huella sobre una tabla de arcilla blanda.
   Nacieron de este modo los prime­ros sellos, de cuyo empleo dan tes­timonio las tablas de arcilla babi­lonias, que se remontan a hace 4.000 años. Algunos de ellos tenían forma cilindrica.