¿Por qué el cielo cambia a verde antes de un tornado?


   Scott Bachmeier, meteorólogo investigador en el Instituto de Meteorología satelital  de la Universidad de Wisconsin-Madison, dice que las partículas en el aire dispersan la luz. En el día, las partículas dispersan principalmente la luz violeta y azul, pero nuestros ojos son más sensibles a la luz azul — es por eso que el cielo se ve azul.
   Las tormentas eléctricas, que pueden ser el hogar de los tornados, suelen ocurrir al final del día, cuando el Sol se aproxima al horizonte. Esto crea un tinte rojizo en el cielo, como cualquiera que ha disfrutado de los atardeceres sabe. La luz bajo una nube de tormenta a unos 18 km de altura es sobre todo azul, esto debido a la dispersión de las gotas de agua dentro de la nube. Cuando las nubes azules se iluminan con la luz roja del atardecer, dice Bachmeier, adquieren un color verde.
   El verde es importante, pero no es una prueba de que un tornado esté en camino. Una nube verde "sólo se producirá si la nube es muy espesa, que por lo general es una característica de las nubes de tormenta", dice Bachmeier. "Esas son el tipo de tormentas que pueden producir granizo y tornados." El color verde indica que la nube es extremadamente alta, y ya que las nubes de tormenta son las más altas de las nubes, el verde es una señal de advertencia de que granizo de gran tamaño o un tornado puede llegar a estar presente.

¿Por qué con algunas piedras se construían amuletos y sellos?

   Las raras y bellísimas piedras de color, casi siempre de pequeñas di­mensiones y que se encuentran en las cuevas o los arenales de los ríos, han llamado la atención del hombre desde los tiempos más re­motos. Nuestros antepasados no acertaban a explicarse de dónde procedían aquellas piedrecillas bri­llantes y de vivos colores, que no se parecían a ninguna de las rocas conocidas. Puesto que eran muy supersticiosos, empezaron a considerarlas se­ñales de los dioses y llegaron a creer que la posesión de una de ellas equivalía a la protección divi­na contra cualquier clase de cala­midades y desgracias. Nacieron así los amuletos, de cuya utilización son testigos los antiquí­simos hallazgos prehistóricos. Con el paso del tiempo, y a medida que avanzaba la civilización, el hom­bre aprendió a embellecer las pie­dras preciosas pulimentándolas y tallándolas en formas regulares, para engarzarlas luego en metales preciosos como el oro y la plata. Más adelante, alguien tuvo la idea de grabarlas con dibujos decorati­vos y personales, de forma que su propietario pudiera reconocerlas fácilmente en caso de pérdida o robo. Las piedras así trabajadas dejaban su huella sobre una tabla de arcilla blanda.
   Nacieron de este modo los prime­ros sellos, de cuyo empleo dan tes­timonio las tablas de arcilla babi­lonias, que se remontan a hace 4.000 años. Algunos de ellos tenían forma cilindrica.

¿Por qué es el océano salado?

   La salinidad del mar proviene de los minerales disueltos, especialmente sodio, cloro, azufre, calcio, magnesio y potasio, dice Galen McKinley, profesor de ciencias atmosféricas y oceánicas de la Universidad de Wisconsin-Madison.
   La sal del océano tiene orígenes antiguos. Mientras la Tierra se formaba, los gases arrojados de su interior liberaban iones de sal que llegaron al océano a través de la lluvia o los escurrimiento de la tierra.
Ahora, la salinidad de los océanos es básicamente constante. "Los iones no están siendo eliminados o reemplazados en una cantidad apreciable", dice McKinley. "La eliminación y las fuentes de suministro que existen son muy pequeñas y el depósito es tan grande que los iones se quedan simplemente en el agua." Por ejemplo, dice, "Cada año, los escurrimientos de la tierra sólo agregan un 0,00005 por ciento del total de sales marinas. "
   En los lagos, el ciclo relativamente rápido del agua y de sus sales disueltas mantiene el agua fresca - una gota de agua y sus iones se quedará en el Lago Superior por cerca de 200 años, en comparación con los 100 a 200 millones años en el océano. "Incluso si existe una acumulación de un ion de sal en un lago, se lava con rapidez", explica McKinley.
   La sales marinas, sin embargo, no tienen a donde ir. "Los iones que fueron puestos allí hace mucho tiempo se las han arreglado para quedarse", dice McKinley. "Hay evidencia geológica de que la salinidad del agua ha permanecido igual por lo menos los últimos mil millones de años."