¿Desde cuándo usamos lentes?

   Cuentan las crónicas que Nerón contemplaba las lu­chas circenses de los gladia­dores a través de una esmeralda. Algunos historiadores qui­sieron ver en esta extravagan­cia el primer indicio del uso de anteojos. Lo más probable es que el emperador sólo preten­diera recrearse con el colorido y la distorsión óptica de tan sangriento espectáculo.
   Hoy se está de acuerdo en fechar la invención de los len­tes en el siglo XIII, atribuyendo su paternidad al inglés Roger Bacon. Ya en 1267 el genial monje describía dicho artefac­to en su obra Opus maius. Otros consideran como inven­tor al italiano Salvino Armati, muerto en 1285, en cuya tumba aparece, la inscripción «inventor degli occhiali».
   Los primeros modelos de lentes, popularizados a princi­pios del siglo XIV, eran simples armazones de madera en los que se introducían cristales. Conocidos como lentes-percha, tenían que ser sujetados con una mano. El siguiente paso lo constituyeron las lentes apoya­das sobre la nariz, los famosos quevedos. Después llegaron los lentes-cinta, que se fijaban a la cabeza con una correa de cuero. Cierres más raros fueron sin du­da los lentes de pesas: en lugar de patillas tenían dos cadenitas de las que colgaban sendas bo­las de plomo que se pasaban por detrás de las orejas para hacer de contrapeso y asegurar la sujeción.
   En cualquier caso, los expe­rimentos con cuerpos de pro­piedades ópticas se remontan a los primeros tiempos de la Historia. En Nínive, capital de Asiría, se encontró una lente de cristal de roca que proba­blemente se empleaba para escrituras en miniatura. De he­cho, las pizarras cuneiformes que se hallaron en las mismas excavaciones resultan ilegi­bles sin ayuda de la lupa.

MUY

¿Cuáles son los rostros en el monte Rushmore?


   En el estado de Dakota del Sur en los EE.UU., gigantescas figuras talladas en la piedra miran al horizonte. Son los rostros de cuatro grandes presidentes norteamericanos: Washington, Jefferson, Lincoln y Teodore Roosevelt. Forman el monumento del monte Rushmore, esculpido en el granito de las Black Hills, que antes eran consideradas lugar sagrado por los Sioux.
   El escultor, Gutzon Borglum, hizo un monumento semejante en los Apalaches, en Georgia, en honor del general Lee, el héroe de la guerra de Secesión. Disgustado con sus socios, abandonó su proyecto, pero su reputación había llegado a Dakota.
   Los retratos, de 18.50 m de alto, fueron esculpidos de 1927 a 1942. Fue una verdadera hazaña realizada a golpe de explosivos: se hicieron con dinamita paredes enteras de granito. El escultor se encargó luego, con su cincel, su gubia y su martillo, de lograr los parecidos.
   Algunos estadounidenses creen tener en él el monumento más extraordinario realizado desde la antigüedad.

¿Cómo funciona el microscopio?


   No se sabe de seguro cuándo descubrió el hombre, por primera vez, que un objeto visto a tra­vés de un cristal de forma lenticular aparecía agrandado. Existen a este respecto testimonios antiquísimos, pero muy vagos: forman parte de la prehistoria. La historia se inició en el siglo dieciséis, con el italiano Benedetto Rucellai, quien describe en uno de sus breves poemas las observaciones realizadas sobre abejas seccionadas con la ayuda de un espejo cóncavo.
   Un siglo más tarde, y gracias a los perfeccionamientos aportados por el holandés Leenwenhoek, el mi­croscopio alcanza la edad adulta. Su nombre, producto de laboratorio, es­tá formado por dos palabras grie­gas: micros (pequeño) y scopéo (observación). El aparato funciona mediante dos sistemas de lentes: una de ellas (el objetivo) produce una imagen agrandada del objeto, mientras que la otra (el ocular) agranda ulteriormente la imagen.
   Los objetos a observar se colocan sobre un cristal y se iluminan por transparencia, mediante un peque­ño espejo que refleja y concentra sobre ellos la luz ambiental. Actual­mente se utilizan también microsco­pios electrónicos, capaces de agran­dar millones de veces un objeto.
   Los elementos fundamentales de un microscopio normal de laboratorio son: el condensador, que ilumina el objeto a examinar haciendo converger en él la luz de una fuente luminosa; el sistema de enfoque de la imagen; y las tuercas micrométricas, que permiten mover el cristal de tal forma que la parte a observar esté siempre enfocada.



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