¿Quién fue el primero en conquisar la cumbre del Everest?


   El monte Everest (8 848 m de altura) es la cumbre más alta del mundo. Está situada en la cordillera del Himalaya, en la frontera de Tibet y Nepal; los habitantes de esos países llaman al Everest "el techo del mundo".
   Numerosos alpinistas han emprendido la conquista del Eve­rest. Muchos murieron y hasta 1953 todos habían fracasado. Por fin, el 29 de mayo de 1953, dos alpinistas plantaron su bandera en la cumbre: el neozelandés Edmund Hillary y el guía nepalés Norday Tensing.
   Como homenaje a los dioses budistas, Tensing depositó en la cumbre una barra de chocolate, un paquete de galletas y algu­nos bombones; por su parte, Hillary enterró un crucifijo.
   Desde entonces, una gran cantidad de alpinistas han realizado de nuevo esa ha­zaña (entre ellos también varias mujeres), pero otras personas encontraron
la muerte en los abismos, las aludes y las tempestades de nieve.
   En 1978, el alemán Reinhold Messner y el austríaco Peter Habeler lograron otra gran proeza: vencieron al Everest sin utilizar máscara de oxígeno

¿Sueles limpiarte los oídos con hisopos de algodón?

   Si es así, presta mucha atención a lo siguiente: "La cera de los oídos (cerumen) es necesaria, porque protege la delicada parte interior de este sensible órgano contra las infecciones y lastimaduras", explica la doctora Christina M. McAlpin, especialista en garganta, nariz y oídos.
Pero, por otra parte, si la cera se acumula, puede afectar nuestra capacidad auditiva. Por lo que los expertos aconsejan limpiarla con gotas. Estas eliminan el cerumen sin empujarlo por el canal auditivo.
Sólo utiliza los hisopos para la parte externa del oído. Si las gotas no dan resultado, ve al médico para que te la extraiga.

¿Qué persona bajó a la mayor fosa oceánica?

   La fosa submarina más profunda es la de las islas Marianas, en el océano Pacífico. La profundidad del agua alcanza en algu­nos sitios más de 11 000 m.
   Fue en esa sima vertiginosa donde el suizo Jacques Piccard y el norteamericano Donald Walsh decidieron bajar a bordo del ba­tiscafo Trieste, una cápsula de 2 m de diámetro, construida con un acero muy resistente y de 12 toneladas de peso.
   El 23 de enero de 1960, el Trieste fue bajado al mar y comen­zó su descenso. Al cabo de 100 m la luz del día ya no penetró en el agua: el batiscafo se deslizaba en la oscuridad total, alumbra­do solamente por sus faros.
Poco a poco, la temperatura del agua baja, los peces se van haciendo más escasos y la presión, es decir la fuerza ejercida por el agua sobre las estructuras del Trieste, aumentaba peligrosa­mente .
Al cabo de cuatro horas y media, la cápsula tocó el fondo, a 10 916 m. La temperatura del agua era de 3 °C y la presión de más de una tonelada por centímetro cuadrado.