¿Desde cuándo existen los juegos olímpicos?


   Los juegos olímpicos fueron creados hace casi 3 000 años en la ciudad griega de Olimpia. Su éxito era grande y todos los pequeños reinos griegos que guerreaban constantemente entre sí interrumpían las batallas y enviaban sus mejores atletas para disputar las pruebas. De todos los rincones de Grecia acudían 40 000 personas para alentar a sus campeones.
   Fue el rey de un pequeño estado griego el que tuvo la idea de organizar juegos deportivos en honor de los dioses. Quería con ello que su reino fuera una zona neutral, respetada por los demás reyes griegos que continuamente se hacían la guerra. Hizo construir un gran estadio en Olimpia y en 776 a. de J. C. se llevaron a cabo los primeros juegos olímpicos conocidos. Con el  tiempo  aumentó el  número  de  pruebas;  había  diferentes carreras, salto de longitud, lanzamiento de disco y de jabalina, luchas, carrera de carros . . . Los atletas iban desnudos, con el cuerpo untado de aceite.
    Los juegos fueron suprimidos en 393 por el emperador cris­tiano Teodosio. El francés Fierre de Coubertin fue quien tuvo la idea de restablecerlos en 1896 y de hacer participar en ellos a todas las naciones. Se llevan a cabo cada cuatro años. Pero a diferencia de anta­ño, cuando los estados griegos concertaban una tregua para par­ticipar en ellos, los juegos modernos fueron suspendidos durante las dos guerras mundiales.






¿Cuál fue el origen del halo que se ve en las representaciones de los santos?


   Aunque sorprendente, el halo tiene un origen pagano y herético. Centenares de años antes de Cristo, los indios decoraban sus cabezas con una corona de plumas. Hacían esto para simbolizar su relación con el dios-sol: su propio "halo" de plu­mas representaba el círculo de luz que distingue a la brillante divini­dad en el cielo. En verdad, la gente creía que adoptando esta "aureo­la" los hombres se transformaban en una especie de sol ellos mismos y por lo tanto en un ser divino.
   Más tarde, los emperadores romanos, que se consideraban a sí mis­mos divinos, usaban en público una corona imitando la esfera de luz del sol.
   La necesidad de preservar objetos de arte también contribuyó al desa­rrollo del halo. Las estatuas no se guardaban en los museos sino que se exponían al aire libre, lo cual las deterioraba. Para protegerlas de los excrementos de los pájaros, la lluvia y la nieve, se les colocó una placa circular —ya sea de madera o de bronce— sobre sus ca­bezas.

¿Por qué desinfecta el cloro?

En 1881, el bacteriólogo alemán Robert Koch demostró en pruebas de laboratorio el poder antiséptico del hipoclorito de sodio pero no fue sino hasta principios de los años cuarenta del siglo XX cuando se comenzaron a estudiar más a fondo sus propiedades desinfectantes. Se descubrió que al con­tacto de este compuesto químico con las bacterias, los microorganismos segregan ácidos nucleicos, proteínas y potasio que empiezan a dañar funciones de la membra­na celular, como la respiración y el trans­porte activo, además de que se nulifica el proceso citoplasmático. La hipótesis fue que, bajo presión ambiental, la pared de la célula bacteriana interactúa con el cloro. Como consecuencia de estos procesos, desaparecen las funciones vitales y se produce la muerte del germen. La desinfección con cloro del agua potable fue en gran medida responsable del 50% de aumento en la expectativa de vida en los países desarrollados durante el siglo XX.

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