La sangre se ve como si fuera de un color rojo sólido, pero en realidad no lo es. Si se examina la sangre bajo un microscopio, descubriremos que se compone de cuatro partes: plasma, glóbulos rojos, glóbulos blancos y plaquetas.
El plasma, es cual es el líquido, posee un color amarillo blancuzco. El plasma contiene los glóbulos rojos, los glóbulos blancos, las plaquetas, las proteínas, los minerales, los alimentos digeridos, y los residuos.
Sin embargo, hay más glóbulos rojos en la sangre que cualquiera de estas otras sustancias, y es la hemoglobina, el pigmento rojo, en las células rojas de la sangre que le da a ésta su color.
¡Nuestra sangre tiene 18 mil millones (18.000.000.000) de glóbulos rojos en ella!
¿Cómo la sangre nos protege?
Nuestra sangre tiene células especiales que luchan contra las enfermedades e infecciones. Estas células, llamadas glóbulos blancos, se producen en la médula ósea, el tejido blando que rellena el interior de los huesos. Los glóbulos blancos funcionan como un ejército para atacar y matar los gérmenes nocivos que entran en el cuerpo.
Cuando se desarrolla una infección en la piel, por ejemplo, la médula ósea produce más glóbulos blancos que de costumbre. Estas células "soldados" pasan a la zona donde se encuentran los gérmenes para destruirlos. También pasan a comerse el tejido alrededor de la infección, y lo suavizan y licúan. Los glóbulos blancos se rompen y, junto con los gérmenes destruidos y el tejido licuado, forman una sustancia espesa de color amarillo blancuzco, llamada pus. El pus supura la infección lentamente y se va secando mientras la herida sana.
A pesar de que los glóbulos blancos de la sangre son necesarias para el cuerpo, un exceso de ellos pueden causar una enfermedad llamada leucemia, ¡un cáncer de la sangre!
Cuando se desarrolla una infección en la piel, por ejemplo, la médula ósea produce más glóbulos blancos que de costumbre. Estas células "soldados" pasan a la zona donde se encuentran los gérmenes para destruirlos. También pasan a comerse el tejido alrededor de la infección, y lo suavizan y licúan. Los glóbulos blancos se rompen y, junto con los gérmenes destruidos y el tejido licuado, forman una sustancia espesa de color amarillo blancuzco, llamada pus. El pus supura la infección lentamente y se va secando mientras la herida sana.
A pesar de que los glóbulos blancos de la sangre son necesarias para el cuerpo, un exceso de ellos pueden causar una enfermedad llamada leucemia, ¡un cáncer de la sangre!
¿Cómo se forman los coágulos sanguíneos?
Cuando nos cortamos, la sangre fluye de la herida. La sangre contiene, además de glóbulos rojos y glóbulos blancos, estructuras diminutas llamadas plaquetas. Estas plaquetas se amontonan alrededor de la herida, luego se combinan con otras sustancias en el plasma sanguíneo (líquido) y sustancias químicas en el tejido dañado y forman largas y pegajosa hebras de fibrina.
Las hebras de fibrina se entrecruzan entre sí y forman una especie de dique para atrapar la sangre, llamado coágulo. Un coágulo se forma sobre una herida en la superficie de la piel creando una costra.
Debido a que estas plaquetas y demás sustancias coagulantes están siempre presentes en nuestra sangre, podemos preguntarnos por qué la sangre no se coagula mientras fluye en el interior del cuerpo. Esto es porque las sustancias de la coagulación están inactivas mientras la sangre circula a través de las paredes lisas de los vasos sanguíneos. Si fueran activas, la sangre se coagularía y bloquearía la circulación, una condición muy peligrosa.
La sangre de cada persona coagula a diferentes velocidades. Las personas cuya coagulación es muy lenta o no existe del todo, es porque tienen una enfermedad peligrosa conocida como hemofilia. Los médicos consideran a la hemofilia como una enfermedad de varones, porque es raro que las mujeres desarrollen esta enfermedad. Sin embargo, una madre que no muestra signos de la enfermedad puede transmitirla a sus hijos.
¡Una persona puede perder la mitad de toda la sangre en su cuerpo y aún vivir!
Las hebras de fibrina se entrecruzan entre sí y forman una especie de dique para atrapar la sangre, llamado coágulo. Un coágulo se forma sobre una herida en la superficie de la piel creando una costra.
Debido a que estas plaquetas y demás sustancias coagulantes están siempre presentes en nuestra sangre, podemos preguntarnos por qué la sangre no se coagula mientras fluye en el interior del cuerpo. Esto es porque las sustancias de la coagulación están inactivas mientras la sangre circula a través de las paredes lisas de los vasos sanguíneos. Si fueran activas, la sangre se coagularía y bloquearía la circulación, una condición muy peligrosa.
La sangre de cada persona coagula a diferentes velocidades. Las personas cuya coagulación es muy lenta o no existe del todo, es porque tienen una enfermedad peligrosa conocida como hemofilia. Los médicos consideran a la hemofilia como una enfermedad de varones, porque es raro que las mujeres desarrollen esta enfermedad. Sin embargo, una madre que no muestra signos de la enfermedad puede transmitirla a sus hijos.
¡Una persona puede perder la mitad de toda la sangre en su cuerpo y aún vivir!
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