¿Cuáles automóviles italianos fueron los primeros en ganar carreras?

   La Segunda Guerra Mundial marcó un alto a las carreras europeas de automóviles, pero después de ella volvieron, con velocidades y con líneas aerodinámicas jamás vistas. Enton­ces los italianos principiaron a tener mucho éxito con sus automóviles del Grand Prix. El Ferrari de 2 litros, número 46, logró los títulos mundiales en 1952 y 1953. Un poco antes, en 1950, el más grande de todos los conductores de la posguerra, Juan Fangio, ga­nó el campeonato del mundo en el otro auto­móvil de carreras italiano que se muestra aquí, el Alfa Romeo 158/9.


Alfa Romeo 158/9
 
 
 
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Historia de los explosivos

   Uno de los primeros explosi­vos fue la pólvora, y su invención produjo muchos cambios en el mundo. Desde que se usa la pólvora en las batallas, los hom­bres se han esforzado por encontrar explo­sivos cada vez más potentes para usarlos con fines bélicos.
   Pero no debemos pensar que los explo­sivos sólo se emplean en la guerra. Hay trabajos que requieren del uso de explosi­vos, tales como la minería, la construcción de túneles y el desmonte y nivelación de terrenos. Además, los motores de gasolina funcionan mediante una serie de pequeñas explosiones; el material explosivo, en este caso, es una mezcla de aire y gasolina.
   Con frecuencia, la combustión rápida produce una explosión por la fuerte ex­pansión de gases. Otras veces, se produce la explosión por la división de los elemen­tos de un cuerpo compuesto; por ejemplo, para que el yoduro de nitrógeno haga explosión es bastante el roce de una pluma.
   Como el yoduro de nitrógeno, muchos explosivos contienen este elemento. Ello se debe a que el nitrógeno no se combina fácilmente a otros elementos, y cuando forma parte de ellos, resulta un elemento "inestable" que fácilmente se escapa cau­sando una explosión.
   La dinamita, el TNT (trinitrotolueno) y la nitroglicerina son tres de los explo­sivos más conocidos y usados.

Carlomagno

Desde los tiempos de Meroveo —a mediados del siglo V— la primera dinastía de los francos se mantuvo en el poder durante 300 años.
Sin embargo, los últimos reyes merovingios fueron tan negligentes que todo el gobierno dejaban en manos del Mayordomo de Palacio (major domus: mayor de la casa), cargo que se hizo hereditario y que llegó a tener práctica­mente la autoridad del monarca.
Uno de esos mayordomos, Pipino el Breve (así llamado por su escasa talla), consultó al Papa si le parecía justo que quien verdaderamente gobernaba el reino no fuese rey.
—"Lo justo es llamar rey al que ejerce dicha autoridad y no a quien carece de ella", repuso el Pontífice. Entonces Pipino mandó tonsurar y encerrar en un monasterio al último rey merovingio, y él se hizo proclamar Rey de los francos en el año 751. Poco después el Papa lo consa­gró "Rex Dei Gratín" (rey por la gracia de Dios), invis­tiéndolo con derecho divino.
De este modo se creó la dinastía carolingia, que trans­formó la Galia en Francia, a lo largo de dos reinados: el de Pipino el Breve y el de su hijo Carlomagno (Carlos el Grande), que verdaderamente fue el más grande de los monarcas medievales, y para algunos "el padre de Eu­ropa".