¿Qué es un electroimán?


   El electroimán es un aparato que consiste en un alambre conductor enrollado alrededor de una barra de hierro, que produce un campo mag­nético muy intenso cuando pasa una corriente eléctrica por el alambre. La intensidad del campo producido depende tanto de la corriente eléctrica suministrada como del número de vueltas del cable enrollado. Al cesar la corriente, cesa el campo magnético, o sea que no es un imán permanente. Con los electroimanes pueden generarse campos magnéticos mucho más ntensos que los que producen las barras imantadas. Pueden lograrse campos de cientos de miles de gauss de intensidad.

¿Quién dio su nombre a una escala termométrica?

   Así como los anglosajones a la hora de medir distancias prefieren utilizar la milla en vez del kilómetro, o las pulgadas en lugar de los centíme­tros, también para medir la tempe­ratura emplean una escala diferen­te. La mayoría de los termómetros en Estados Unidos todavía emplean la escala Fahrenheit en vez de la escala cen­tígrada.

   Gabriel Daniel Fahrenheit dejó su apellido definitivamente ligado a los termómetros anglosajones en parti­cular, y a la ciencia en general, gra­cias a sus experimentos e inventos, entre los cuales destaca precisa­mente el de la escala termométrica que lleva su nombre. Fahrenheit era un físico de origen polaco nacido en Gdansk (Danzíg) el año 1686. Du­rante su vida, de la que pasó largos años residiendo en Inglaterra y Holanda, se dedicó a perfeccionar ins­trumentos de física y meteorología, al tiempo que inventaba otros. Hay que decir que no sólo ideaba tales instrumentos de precisión sino que también los comercializaba, ya que había estudiado comercio en Ams terdam. Fahrenheit inventó un mo­delo de barómetro y también un aerómetro, aparato para medir la densidad del aire. En 1714 compro­bó que la dilatación regular del mer­curio hacía de éste el cuerpo más apropiado para ocupar los tubos de los termómetros, que por entonces eran de alcohol y muy rudimentario, y puso a punto el termómetro de mercurio.

Los sonidos silenciosos

   No todos los sonidos pueden ser oídos por el hombre. El oído humano puede escuchar solamente los sonidos cuya frecuencia se halle comprendida entre las 16 vibraciones por segundo o "hertz" (Hz) y las 20.000. Estos límites de frecuencia no son, sin embargo, abso­lutamente rígidos, por cuanto los límites de audibilidad varían de un individuo a otro. Los sonidos que tienen una frecuencia menor de 16 vi­braciones por segundo se llaman "infrasonidos"; los audi­bles se llaman "sonidos"; aquellos de frecuencia superior a las 20.000 vibraciones se denominan "ultrasonidos". Existen, sin embargo, animales cuyo aparato auditivo es sensible también a los sonidos de una frecuencia superior a los 20.000 Hz. El perro, por ejemplo, puede oír ultraso­nidos de frecuencia superior a los 30.000 Hz. Por este mo­tivo los policías y guardias aduaneros usan, para llamar a sus perros, pitos especiales "ultrasonoros", que producen un silbido de altísima frecuencia, no perceptible para nues­tros oídos, pero perfectamente audible para los del perro.