¿Qué es un corsario?

   Los buques corsarios —armados para la guerra de corso— eran propiedad de particulares. El rey los autorizaba a atacar, saquear y hundir los barcos enemigos aislados. Los marinos corsarios se lanzaban al abordaje armados con sables, hachas y pistolas.
   Algunos audaces marinos como Drake, Surcouf y Jean Bart, alcanzaron celebri­dad como corsarios de ciertos reyes. Ata­caban por sorpresa, capturaban y hundían las corbetas y galeones cargados de oro de las potencias enemigas, desorgani­zaban el aprovisionamiento de sus flotas y ejércitos y se apoderaban de las rique­zas que transportaban. Los corsarios esta­ban autorizados a repartirse el botín. Su momento estelar debe situarse a media­dos del siglo XVI. Los corsarios que actua­ban de acuerdo con su gobierno, nada tenían que ver con los filibusteros.

¿Dónde se encuentra el Monte Pelée?

Monte Pelée (Montaña Pelada) es el nombre de un volcán de la Martinica. Se muestra inactivo durante muchos años, pero de tarde en tarde entra en erupción y pro­voca catástrofes, como la tristemente famosa de 1902.
   Como resultado de una erupción, en­tre 1929 y 1932,  el Monte Pelée  creció un centenar de metros, con lo que alcanza los 1.397. Es el punto más elevado de la Martinica. El volcán tuvo periodos de actividad en 1792 y en 1851, pero en 1902 experimentó la más violenta de sus erupciones, que destruyó la vecina ciudad de Saint-Pierre y ocasionó 30.000 victimas. El 8 de mayo bastaron pocos segundos para que la montaña, abriéndose por su flan­co sur, dejara escapar no sólo lavas, sino unos densos gases de tempera­tura superior a los 600 °C. La nube ar­diente inflamó a su paso todo lo que era combustible y aniquiló a los habitantes de la ciudad, situada a 10 kilómetros de distancia. Desde entonces, los ha­bitantes de la Martinica miran constantemente su cráter, temerosos de que se repita tan terrible erupción.

Los primeros alimentos en conserva

   Hasta finales del siglo dieciocho, lo único que se podía hacer para evitar que los alimentos se echaran a perder era secarlos, salarlos o introducirlos en aceite. Pero llegó el confitero francés Nicolás François Appert y tuvo la idea de calentar los productos alimenticios a 100 grados, con lo cual eliminaba las bacterias que causan la putrefacción, para meter­los después en recipien­tes de vidrio cerrados her­méticamen­te. Trabajó muchos años
para perfeccionar el siste­ma. Por fin, en 1808, co­mercializó el primer bote de conservas. Dos años des­pués, su compatriota Pierre Durand utiliza hojalata pa­ra los recipientes y crea las clásicas latas. Con estos antecedentes, los británicos Donkin y Jall instalan en 1811 la primera fábrica conservera del mundo. Pe­ro quedaba por llegar el in­vento defini­tivo para con­servar en buen estado de la comida. En 1895, el alemán Carl Linde desa­rrolla una técnica de enfriamiento de gases por etapas de ex­pansión, ba­se para la fa­bricación de refrigeradores.