¿Cómo funciona un sextante?

   En alta mar, sin tierra a la vista, un marino experimentado puede calcular con toda exactitud el lugar en que se encuentra si dispone de un sextante, un reloj y mapas.
   Los astrónomos han establecido, con toda exactitud, la posición del Sol y de las estrellas en cada hora del día y en cual­quier punto de la Tierra. El sextante permite a los navegantes medir su altura en el cielo. En función de la hora señalada por el cronómetro pueden deducir la longitud y la latitud y transportarlas sobre el mapa. Así conocen la posición del barco. Un juego de espejos estabiliza tanto la imagen de las estrellas en el sextante que el ob­servador puede efectuar la medición sin que le molesten las oscilaciones del navio.

¿Dónde están los Grandes Lagos?

   Los 5 grandes lagos norteamericanos, situados en la frontera entre Estados Unidos y Canadá, son tan extensos que parecen auténticos ma­res y se puede navegar por ellos sin divisar tierra en el horizonte.
   Cuatro de los cinco Grandes Lagos de­sempeñan el papel de frontera entre Canadá y Estados Unidos. El nivel del lago Superior rebasa el del Michigan y ligeramente el Hurón, y sus aguas se vierten en ellos a través de un salto de 6 metros de caída de 1 200 metros de extensión: el salto de Santa María. El Erie recibe a su vez las aguas de los tres anteriores y los canaliza hacia el Ontario, que se encuentra a un nivel 100 metros inferior. Esta diferencia de altura da lugar a las más célebres ca­taratas del mundo: las del Niágara. El río San Lorenzo y diversos canales per­miten a los barcos pasar de los grandes lagos al Atlántico.

¿Por qué el Ecuador se llama así?

   La línea del Ecuador, en su vuelta al mundo, recorre muchos países de varios continentes; sin em­bargo, solamente uno, a orillas del océano Pacífico, en América del Sur, lleva este nombre. ¿Por qué?
   El motivo es geográfico, naturalmente, pero tam­bién sobre todo, histórico. En el siglo XVIII la ver­dadera forma de la Tierra intrigaba a los hombres de ciencia. Se sabía, claro está, que era aproximada­mente una esfera, pero dos hipótesis, cada una de ellas con apasionados defensores y ardientes detrac­tores, preocupaban a los hombres sabios: una era la de Newton, que sostenía que la Tierra, en virtud del movimiento de rotación, debía ser achatada en los po­los; la otra era la de los hermanos Cassini, quienes se basaban en los erróneos resultados obtenidos al me­dir un arco de meridiano, en Francia, y sostenían que el achatamiento debía ser ecuatorial.