En otoño de 1891 llegó a París, procedente de Varsovia, una joven polaca de veinticuatro años, Marie Sklodowska. Había dejado su patria, ocupada por los rusos, para eludir a la policía zarista que la acusaba de conspirar.
En París, la joven, muy aficionada a los estudios científicos, se inscribió en la Facultad de Ciencias de la Universidad de la Sorbona. Muy pobre, vivía en una buhardilla, y para poder estudiar limpiaba los frascos y cuidaba de los hornillos en los laboratorios, como también había hecho el gran Faraday. Durante dos años, Marie Sklodowska trabajó y estudió intensamente, pasando noches enteras inclinada sobre los libros, sin importarle el descanso ni la falta de comodidades. Muchas veces su único alimento consistía en unos trozos de pan y chocolate, pero igualmente se sentía feliz porqué podía dedicarse a los estudios de física que tanto amaba. En el mismo laboratorio que ella, trabajaba el joven Pierre Curie, un investigador francés de talento que se dedicaba, con su hermano, a las investigaciones físico-eléctricas.
En 1894, en casa de unos amigos comunes, Marie conoció a Pierre. Ambos jóvenes se sintieron atraídos, no sólo por una viva simpatía, sino también por la pasión hacia la misma labor. Después de diez y ocho meses se casaron. Así se constituyó un matrimonio que habría de hacerse célebre en la historia de la ciencia, conocido simplemente como "los Curie", casi como si fueran una sola persona; y es justo que así ocurriera, porque Pierre y Marie Curie vivieron y trabajaron siempre juntos, en perfecta armonía, y juntos lograron el gran descubrimiento: el radio.
Las hojas de las plantas
HOJAS
"La naturaleza creó los helechos para demostrar cuan perfectas podía hacer las hojas", escribió Henry David Thoreau, escritor estadounidense del siglo XIX, quien expresaba así un gusto por las hojas que es compartido por muchos. Algunas personas gozan tanto contemplándolas que las reúnen en colecciones; algunas mujeres las mezclan con flores y hacen ramilletes con los cuales se atavían. Hay quienes emplean las coloridas hojas de otoño para decorar interiores.
Sin embargo, para nosotros son más importantes los alimentos y otros productos provenientes de las hojas. Las de plantas como el repollo, lechuga, espinaca y berro son verduras; a menudo sazonamos nuestra comida agregándole hojas de laurel, mejorana, menta o tomillo.
Las hojas de las hierbas silvestres y cultivadas sirven de alimento a muchas especies de animales domésticos, y a otros que se cazan por deporte. Dos valiosas fibras —henequén y cáñamo de Manila— provienen de hojas, lo mismo que el té, el tabaco, algunas drogas como la cocaína y la digitalina, y tinturas como la alheña y el añil.
Las hojas son los órganos elaboradores del alimento de la planta. Durante el proceso conocido como fotosíntesis, combina el bióxido de carbono y el agua para producir el azúcar glucosa, y también oxígeno. Un factor esencial en este proceso es el pigmento verde clorofila, sustancia que se encuentra en los cloroplastos, cuerpos pequeños situados en la mayoría de las células foliares. La clorofila de las hojas actúa como trampa para absorber parte de la energía de los rayos del Sol, energía empleada para trasformar el agua y el bióxido de carbono en azúcar.
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| diferentes formas de hojas |
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¿Cómo percibimos los sabores?
Los diferentes sabores son percibidos en la lengua por pequeños receptores llamados papilas. Tenemos más de 10.000 papilas gustativas en la boca que parecen protuberancias. La mayoría se encuentran en la lengua, pero también hay otras en el interior de las mejillas, en el paladar y en la garganta.
Las papilas gustativas pueden percibir cuatro sabores diferentes: dulce, ácido, salado y amargo, de acuerdo a las diferentes zonas en que están localizadas en la lengua.
La saliva que se producen en la boca mientras comemos se mezcla con los sabores y activa las papilas. Después, los nervios transmiten los mensajes de los sabores hasta el cerebro.
Los sentidos del gusto y el olfato generalmente trabajan juntos. Si estamos resfriados y se nos dificulta oler, probablemente tampoco podremos encontrarle gusto a la comida.
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