¿Qué espeleólogo pasó 205 días bajo tierra?

El 14 de febrero de 1972, Michael Siffre penetró en la gruta de Midnight Cave, en Texas. Iba a vivir durante seis meses en la so­ledad más absoluta, fuera del tiempo. . .
Fue el inicio de un extraordinario experimento científico. En efecto, el hombre posee una especie de reloj natural, que es regido por la alternancia del día y de la noche: nos despertamos por la mañana, nos dormimos en la noche. ¿Funciona de la misma manera bajo tierra, sin ver el día y sin reloj?
Desde su gruta, Siffre estuvo conectado por teléfono a un equipo que, en la superficie, registraba todos sus actos y gestos. Vivió sobre una plataforma de 40 m² ocupada por una tienda de campaña, una mesa y aparatos científicos. En 6 meses, leyó 74 libros y "recorrió" miles de kilómetros en una bicicleta fija.
El 10 de agosto, puso fin a su aislamiento. El creía que era el 15 de julio: ¡su "reloj" tenía un mes de atraso! Pero hasta el 5 de septiembre salió de la Midnight Cave.
Este experimento permitió a la NASA investigar sobre la adaptación del organismo humano a los vuelos espaciales

¿Cuál es el trampolín más alto del mundo?


   El trampolín más alto es una roca escarpada de Acapulco, conocida como La Quebrada, que se alza a 36 metros sobre el ni­vel del agua marina. (En las albercas, los trampolines de compe­tencia más altos alcanzan sólo 10 metros de altura.)
   En Acapulco, saltar desde lo alto de esa roca es un verdadero oficio: unos treinta clavadistas profesionales saltan cada día, an­te turistas que se estremecen de miedo.
El pe­ligro de saltar es triple: en primer lugar, como la roca no es recta (se adentra 7 m en el mar) los clavadistas deben impulsarse bastante lejos para no chocar con ella; luego hay que calcular bien para no caer sobre los arrecifes; por último, en ese lugar el mar no tiene más que 3.65 m de profundidad y únicamente una buena técnica permite no estrellarse en el fondo.
    Antes de ejecutar el "salto mortal", los clavadistas rezan una oración en la capilla situada en lo alto de la roca y luego se lan­zan al vacío, rememorando una vieja tradición azteca.

¿Cómo se forma el fértil suelo vegetal?

   El aire, sobre todo cuando es húme­do, contiene distintas sustancias químicas capaces de fijarse incluso en las rocas más duras, alterando su composición. La prueba de ello es que cualquier guijarro, recogido por ejemplo en el arenal de un río, una vez roto muestra un aspecto muy distinto al que ofrece en su su­perficie. Ello se debe no sólo a la acción limadora del agua, sino tam­bién a la acción química del aire. La acción química del aire reviste muchísima importancia, pues al mo­dificar y oxidar las rocas contribuye a la formación del suelo vegetal, el que precisan las plantas.
   No debe creerse, sin embargo, que el fértil suelo de los campos no es más que una mezcla de pequeñísi­mas partículas de rocas disgrega­das. Semejante mezcla no contiene todos los elementos indispensables para la vegetación, y sólo algunas plantas, como los líquenes, pueden alimentarse en un terreno virgen. El terreno empieza a ser fértil cuan­do mueren estas plantas «pione­ras» y, al pudrirse, lo enriquecen de sustancias orgánicas. En efecto, el humus o mantillo, que es el compo­nente esencial del suelo vegetal, se integra por la descomposición de residuos vegetales y animales.