¿Quién realizó la primera trepanación?

   Una de las prácticas médicas de las que se tienen referencias más anti­guas es la de la trepanación. Se tienen documentos fehacientes de que esta práctica quirúrgica era muy conocida entre los médicos egipcios, e incluso existen pruebas de que se practicaba como método curativo en la prehistoria y en algunas cultu­ras precolombinas de América. La trepanación consiste en horadar el cráneo del paciente mediante un trépano, que es un instrumento des­tinado a cortar, penetrándolo, uno de los huesos craneales. Para ello, actualmente existen trépanos que consisten en finas brocas a las que se imprime un movimiento giratorio por medio de un mango y a cuyo extremo se adaptan fresas de distin­tas medidas y formas, según la tre­panación a realizar.

   Naturalmente, para soportar semejante intervención en su cráneo, el paciente se halla totalmente anestesiado. Pero tratemos de imaginar la opera­ción tal y como debió hacerse en otras épocas. Por supuesto, no po­demos pensar en anestesia de ningún tipo, aunque en ciertas civilizacio­nes se conocía el poder somnífero de algunas plantas y brebajes. El caso es que se conservan ilustracio­nes de códices medievales en los que el paciente se halla de pie, fren­te al médico, mientras es trepanado. Y en cuanto al instrumental, hay que pensar simplemente que, hasta muy recientemente, el trépano fue sencillamente percutido, o sea gol­peado por un pequeño martillo con­tra la cabeza del paciente hasta pe­netrarla. En cuanto a los motivos que justifican la trepanación, la ciru­gía actual acude a ella para el tratamiento de determinados trauma­tismos, derrames o como vía de ac­ceso para la extirpación de tumores. Sin embargo, ¿qué llevó al hombre a realizar la primera trepanación? Es posible que, en un principio, la idea de hacer salir del cuerpo del enfer­mo el espíritu maligno que se había apoderado de él; luego, la posibili­dad de someter al paciente a algún tipo de tratamiento por éste método, no sabemos bien con qué éxito. Tam­bién, en la medicina egipcia, para estudiar el cerebro después de la muerte.

   En todo caso, como no tenemos motivos para creer que los hombres primitivos tenían menor sensibilidad que nosotros, la primera trepanación de la historia debió suponer un paso comprometido y emocionante en los albores de la medicina, un momen­to delicado, un gesto audaz y vale­roso por parte de médico y pacien­te, quizá, sobre todo, por parte de este último, si es que aún estaba consciente.