Alejandro Malaspina

LA EXPEDICION DE MALASPINA
Malaspina
JAMÁS llegó a América española expedición científica de tanto lustre como la que encabezara en 1789 Alejandro Malaspina.
Había sido planeada por el famoso marino y matemático con tan prolijos cuidados y con tan decidido apoyo del ministro Antonio Valdés, que fue para la ciencia de España un venturoso acontecimien­to el que la empresa pudiera llevarse a cabo. Dos corbetas habían sido construidas ex profeso para el caso: la Descubierta y la Atrevida, a bordo de las cuales traía Malaspina el instrumental científico nece­sario y personal técnico del mayor prestigio. El capitán José de Bustamante —marino y matemático como él— lo secundaba a cargo de una de las corbetas.
Proponíase Malaspina recorrer el Río de la Plata, la costa pata­gónica, las Malvinas, el estrecho de Lemaire y el litoral del Pacífico, pasando por Chiloé, Callao, Guayaquil, Acapuleo y San Blas. Y, después de llegar a las islas Hawaii, reconocería también las costas de California hacia el norte. Su objeto principal era el estudio y trazado de cartas y derroteros náuticos, mediante sondeos hi­drográficos y observaciones astronómicas. Además se emprenderían estudios de botánica, zoología y geología, acopiando datos y ejem­plares típicos de América, y reuniendo por otra parte noticias sobre la historia y geografía de los lugares recorridos. Sabios como Anto­nio de Ulloa fueron consultados por Malaspina, antes de partir; y los archivos de España e Indias se le franquearon por orden real.


LOS NATURALISTAS
Para alcanzar tan altos propósitos se requerían colaboradores exi­mios; y los hubo, sin duda. Con Malaspina se embarcaron entre otros, en efecto, tres ilustres naturalis­tas: el coronel guatemalteco An­tonio Pineda y Ramírez, el botá­nico —más español que francés— Luis Née, y Tadeo Haenke, sabio húngaro que, a pedido del go­bierno español, recomendara la Universidad de Viena para in­tervenir en las investigaciones. O mejor dicho, éste último no se embarcó precisamente con la ex­pedición, por haber llegado a Cá­diz cuando aquélla ya había zar­pado; partió, de todos modos, en su seguimiento, esperando incor­porarse a ella en el Río de la Plata. Pero no lo consiguió; por­que cuando Haenke llegó a Bue­nos Aires, ya Malaspina había partido hacia los mares del sur.
Para mayor desventura, la nave en que iba Haenke naufragó frente a Punta Carretas (Uruguay), si bien logró salvarse a nado el natu­ralista húngaro, quien con su brazo en alto, libró también del nau­fragio a su inseparable Linneo.
Desde Buenos Aires Haenke cruzó el continente hasta Valparaíso, donde se encontró por fin con las corbetas de Malaspina, aprove­chando tan penosa travesía para coleccionar un rico muestrario de la flora americana.
En Acapulco el eximio pintor Francisco Brambila se incorporó a la expedición en reemplazo de José Guío, para la reproducción de las especies vegetales más interesantes, mientras otros dibujantes trazaban bocetos de animales y de motivos típicos del viaje.
Pineda falleció en 1792 en las Filipinas. Y Haenke, por su parte, tomó tan en serio sus investigaciones que, por no interrumpirlas, se radicó en adelante en Cochabamba (Bolivia),donde murió en 1818.
En 1794 las corbetas de Malaspina volvieron a pasar por Monte­video, donde cinco años antes instalara un observatorio astronómico: y del Plata regresó a Cádiz, con un copioso archivo de antecedentes, documentos, informes y material científico.


INESPERADO EPÍLOGO
Según los planes de Malaspina, venía ahora la ímproba labor de ordenar aquel riquísimo archivo y condensar sus estudios y conclu­siones en una obra de gran aliento. Para colaborar con semejante tarea, el rey había designado compilador y redactor al padre Gil.
Estando en estos afanes, el 23 de noviembre de 1795, este religioso y Malaspina fueron detenidos por orden del rey y encerrados en un castillo de La Coruña.
¿Qué había sucedido? ¿Por qué Carlos IV pagaba tan mal la abnegación de aquel hombre de ciencia?


LAS REFLEXIONES POLÍTICAS DE MALASPINA
La expedición de Malaspina había tenido, además de su objetivo científico, una finalidad reservada: estudiar la situación política de las colonias americanas. Para cumplir este propósito el gran marino había auscultado la opinión de mucha gente, recogió infor­mes y consultó archivos. Y de tal modo, vino a persuadirse de que España debía cambiar su legislación de América por otra que res­pondiera a las necesidades locales y no a los intereses metropoli­tanos. Los criollos de las colonias se sentían entenados y no hijos de la monarquía española; por eso soñaban con la emancipación. Los intereses americanos no coincidían con los de la península; ¿por qué, entonces, amalgamarlos? Malaspina no se animó a proponer el desmembramiento de la monarquía, pero estimó necesario "divi­dirla en cuanto a sus intereses y gobernación interiores", de tal manera que las colonias americanas, asociadas como partes alícuotas. a España, pudieran desarrollar su propio progreso y sus propias instituciones, en forma coordinada, y no subordinada.
Las ideas liberales de Malaspina —que hoy tanto nos recuerdan al "Commonwealth" de los ingleses (comunidad británica de nacio­nes)— llegaron sin duda al ministro Godoy, quien sin más vueltas lo hizo detener por conspirar contra el régimen imperante.
En 1803, a pedido de Napoleón Bonaparte, se le conmutó la pri­sión a Malaspina por destierro en Milán, donde murió en abril de 1809, cuando ya pronto las revoluciones hispanoamericanas empeza­rían a darle la razón.
De todos modos, la investigación científica de aquella ilustre ex­pedición, fue legítima gloria de España, de Malaspina y de colaboradores. Uno más entre los valiosos aportes hispánicos.