¿Por qué el Ecuador se llama así?

   La línea del Ecuador, en su vuelta al mundo, recorre muchos países de varios continentes; sin em­bargo, solamente uno, a orillas del océano Pacífico, en América del Sur, lleva este nombre. ¿Por qué?
   El motivo es geográfico, naturalmente, pero tam­bién sobre todo, histórico. En el siglo XVIII la ver­dadera forma de la Tierra intrigaba a los hombres de ciencia. Se sabía, claro está, que era aproximada­mente una esfera, pero dos hipótesis, cada una de ellas con apasionados defensores y ardientes detrac­tores, preocupaban a los hombres sabios: una era la de Newton, que sostenía que la Tierra, en virtud del movimiento de rotación, debía ser achatada en los po­los; la otra era la de los hermanos Cassini, quienes se basaban en los erróneos resultados obtenidos al me­dir un arco de meridiano, en Francia, y sostenían que el achatamiento debía ser ecuatorial.
   Había pues que medir un arco de meridiano en las zonas polares, y otro en la región ecuatorial para saber, por fin, cuál teoría era cierta. Y en esto se ocupó la Academia de Ciencias de París.
   En 1735 se destacaron dos comisiones, una hacia Laponia, en las regiones pelares, y otra hacia la Presidencia de Quito, en la zona ecuatorial.
   La Misión Geodésica Francesa que fue a América del Sur estuvo integrada por Carlos María de La Condamine, Pedro Bouguer y Luis Godin, y además, por disposición del Rey de España, llevó también a dos españoles: Jorge Juan y Antonio de Ulloa.
   ¿Y por qué eligieron a América del Sur?; ¿por qué no fueron a África?, ¿o a Asia? Por dos motivos: porque la Presidencia de Quito, colonia de España, era la única región civilizada que estaba situada sobre la línea ecuatorial, y sus habitantes no entorpecerían la labor de los hombres de ciencia; y porque las me­setas andinas ofrecían terrenos propicios para la triangulación geodésica y clima apropiado para los trabajos. Al comentar en Francia la obra de los geodestas en América del Sur, se hablaba de las tierras del Ecuador y no de la Presidencia de Quito, de tal manera que aquel nombre fue reemplazando a éste hasta suplantarlo totalmente, como si sólo en esas tierras pasara la línea equinoccial.
   El primero en utilizar este nombre en forma oficial fue Bolívar quien, como presidente de la Gran Colom­bia después de independizarse de España, al dictar la Ley de División Territorial del nuevo estado, en 1824, le dio el nombre de Ecuador a uno de los tres departamentos en que subdividió el distrito Sur o de Quito, que con el de Cundinamarca o Nueva Grana­da y el de Venezuela, formaban la Unidad Gran-co­lombiana. Al separarse de la Unidad Gran-colombiana el Distrito de Quito, en 1830, la Asamblea Constitu­yente reunida en Riobamba, que dictó la primera cons­titución del nuevo estado, adoptó para éste el nom­bre del departamento más poblado, y redactó así el Art. Primero: "Los departamentos del Azuay, Guayas y Quito quedan reunidos entre sí formando un solo cuer­po independiente llamado Estado del Ecuador".
   Esta denominación no fue un acierto, pues Ecuador era un nombre sin mayor arraigo nacional ni tradi­ción histórica, pues esas tierras se habían llamado Rei­no de Quito en la época prehispánica, Presidencia o Audiencia de Quito durante los trescientos años de dominación espa­ñola, y Distrito de Quito en los ocho años que integró la Gran Colombia. Pío Jaramillo Alvarado en "La Na­ción Quiteña - Bio­grafía de una cultura", dice: "Su nombre debió ser "República de Qui­to", pero al consti­tuirse como estado republicano inde­pendiente, se cam­bió su nombre his­tórico de gloriosa tradición aborigen y colonial por una designación geodé­sica".
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