El hombre se ha servido de botes y de balsas desde mucho antes de los comienzos de la historia. Ahuecaba troncos de árbol o ataba varios troncos juntos. Poco a poco fue sintiendo la necesidad de construir embarcaciones más grandes. Fue ese el principio del arte de la construcción de buques. Experimentó el hombre con diversas formas de cascos. Los aprendió a hacer con muchas piezas y a unirlos con tanto ingenio que el agua no podía filtrarse. Mejoró los medios de impulsar y dirigir las naves.
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| barcos de remo |
También los vikingos fueron grandes constructores de barcos. Naves como ésta cruzaban el Atlántico varios siglos antes de Colón.
En el Surpacífico, los polinesios construían catamaranes, canoas gemelas en las que podían viajar 200 personas. El mástil, la vela y la superestructura se hallaban en una plataforma que unía a las dos canoas. En sus catamaranes los polinesios surcaban el Océano Pacífico.
La edad de oro de los barcos de vela fue la de las goletas clíper. Los clípers llevaban el comercio a todo el mundo Algunos solían recorrer hasta 400 millas náuticas por día.
El junco chino es un barco de vela cuyo diseño ha sido el mismo desde hace muchos siglos. Son de poco calado, de manga ancha y de velamen fácil. Los juncos todavía se emplean hoy en día para pescar, comerciar y vivir.
El Clermont fue el primer vapor que tuvo éxito.
Los primeros barcos propulsados exclusivamente por vapor fueron los de paletas.
Actualmente, los barcos propulsados con energía nuclear pueden dar la vuelta al mundo sin reabastecerse de combustible.
