Asepsia y antisépticos



    Para luchar contra los microbios peligrosos para la salud existen dos procedimientos: impedirles entrar en el lugar que se desea proteger o destruirlos cuando han logrado penetrar en el. La asepsia les impide el paso. Los antisépticos los mata.
    Los antisépticos, como el alcohol, la tintura de yodo, el éter y el agua oxigenada, destruyen los microbios. El empleo de estos productos reduce la infección y disminuye el peligro de contagio. En cirugía se practica la asepsia para prevenir cualquier clase de infección. Se eliminan los microbios de la sala de operaciones y de todos los objetos que se hallan en su interior gracias a la esterilización (mediante vapor, calor o rayos ultravioletas). El cirujano y sus ayudantes van vestidos con ropa aséptica y se cubren las manos y la cara con guantes y mascarillas esterilizados.


¿Para qué sirve la vacunación?


   Por regla general, nuestro organismo se defiende por si solo contra los microbios portadores de enfermedades. Pero en ocasiones hay que ayudarlo. Por medio de la vacunación se le inocula una enfermedad benigna que se ve obligado a combatir y a vencer.
   La presencia de bacterias o de virus patógenos en el cuerpo provoca la creación de anticuerpos y de antitoxinas, que ayudan al organismo a luchar contra la enfermedad. Dichos anticuerpos se oponen, por lo demás, a la invasión de los microbios de su mismo tipo. Por medio de la vacunación se inocula en un cuerpo sano gérmenes patógenos de virulencia atenuada que determinan la formación de anticuerpos sin que el vacunado se vea afectado por la enfermedad. Por regla general, la vacuna antivariólica solo provoca una pequeña pústula. El organismo queda inmunizado.
   En cada país se recomienda que los niños sean vacunados tan pronto su sistema inmunitario sea capaz de responder a la inmunización artificial, con las dosis de refuerzo posteriores que sean necesarias, para conseguir la mejor protección sanitaria. Además, también existen unas recomendaciones internacionales de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Los actos reflejos



   Es un movimiento brusco, repentino, que hacemos sin querer, para escapar de algún peligro o como reacción ante un dolor. Las picaduras, quemaduras y cortes provocan actos reflejos.
   El acto reflejo o involuntario es una manifestación del instinto de conservación. Es un simple gesto, que puede salvar nuestra vida y que es producido, inconscientemente, por un centro nervioso. Ante un peligro cualquiera, la reacción irreflexiva es inmediata. Cuando el ojo se siente amenazado (por un objeto, por una luminosidad repentina, etc.), los párpado se cierran por reflejo. Algunos reflejos se deben a determinados hábitos: el conductor de un automóvil, ante una situación inesperada, frena por puro reflejo. El peatón, antes de cruzar la calle, mira a derecha e izquierda. Incluso el que nos sostengamos de pie se debe a un reflejo.