Objetos de jade


   Hay muchos hermosos objetos de joyería hechos de jade labrado. El jade es una piedra preciosa; pero como no es tan raro, ni mucho menos tan costoso como los diamantes y las esmeraldas, se le consi­dera piedra semipreciosa.

   Los yacimientos de jade más importan­tes están en el Lejano Oriente. Antes de la era cristiana, los chinos labraban el jade en hermosas formas, sobre todo en figuras para sus templos; se puede decir que rendían culto a la piedra en sí, porque para ellos era símbolo de todas las virtudes.

   Una parte del jade se extrae de las mi­nas, pero la mayor cantidad se encuentra en el lecho de los ríos. Cuando Marco Polo realizó su famoso viaje a China, vio cómo extraían el jade los trabajadores chi­nos metiéndose en los arroyos; con los pies desnudos buscaban piedras y guijarros de este material.

   A los artistas chinos de la antigüedad no les preocupaba el tiempo; cuando se dedicaban a labrar figuras ornamentales de jade, sabían que esta piedra no se labra fácilmente y que bien podían pasar su vida entera trabajando en alguna hermosa fi­gura, de gran valor artístico.

   Los aztecas de México también aprecia­ban el jade; entre los regalos que Mocte­zuma envió a Cortés para persuadirlo de que no invadiera Tenochtitlán, había dos piezas de jade que, según los aztecas, va­lían tanto como dos carretadas de oro.

Historia de la Joyería

   La palabra "joyería" viene de "joya o piedra preciosa"; pero no todos los traba­jos de joyería tienen gemas engastadas. En el ramo de joyería se incluyen toda clase de objetos de adorno personal, como anillos, pulseras o brazaletes, aretes, co­llares, cuentas, prendedores, peinetas, bo­tones y broches. La mayor parte de las joyas se hacen de oro, plata o platino; pero también se fabrican muchas de concha, madera, marfil, cristal de roca, etcétera.

joyas antiguas

   La historia de la joyería es tan antigua como la historia de la humanidad; no se tiene memoria de alguna época en que la especie humana no usara joyas, de cual­quier clase. Cuando los hombres aprendieron a escribir, ya había joyeros expertos que hacían objetos de adorno. A los anti­guos egipcios les gustaban las alhajas con piedras de colores; empleaban mucho el lapislázuli y la cornalina roja; en cambio, los griegos eran poco afectos a las joyas. En Italia vivió el pueblo etrusco mucho antes de la época del poderío romano, y hasta hoy, son famosos los orfebres etruscos por los trabajos que de ellos se conservan. Antes del descubrimiento de América, los indígenas de Norte y Sudamérica sabían hacer hermosas joyas.
   Las joyas se usan, principalmente, como adorno; pero, a veces, se llevan por otros motivos; los pueblos primitivos usan alha­jas llamadas amuletos, que, según creen, los protegen contra los malos espíritus.
   Las alhajas son, a veces, distintivos de alcurnia: los reyes y las reinas llevan coro­nas adornadas con piedras preciosas.
   A veces, las joyas son un medio de in­vertir la riqueza, y en muchas partes del mundo las mujeres llevan una fortuna en el cuello y en los brazos.
   En tiempos pasados, todo el trabajo de joyería se hacía a mano, y todavía se hacen así las alhajas más preciadas, si bien se ha extendido el uso de la maquinaría.

¿Qué es un magnetómetro?

   Una aguja imantada puede ser más o menos desviada por un campo magnético, según la intensidad del mismo: éste es el prin­cipio del magnetómetro, aparato destina­do a medir el valor de esta intensidad. Se utilizan numerosos modelos de balanza magnética, que constan de un astil iman­tado. La prospección aérea se sirve en la actualidad de magnetómetros de una sen­sibilidad extraordinaria, basados en el hecho de que los núcleos de los átomos constituyen, por sí mismos, imanes capa­ces de orientarse en un campo magnético, fenómeno que los físicos han logrado amplificar al hacer entrar los núcleos en resonancia.