¿Qué se entiende por frecuencia?

   Frecuencia es la cantidad de veces que se repite un fenómeno periódico en la unidad de tiempo. Si un cuerpo oscila, se habla de su frecuencia de oscilación, es decir, del número de oscila­ciones completas que hace en un segundo; si un cuerpo gira, se habla de su frecuencia de rotación, o sea, el número de vueltas que da en un segundo; si un cuerpo vibra, se habla de su frecuencia de vibración, es decir, del número de vibraciones por segundo. En el caso de los fenómenos ondulatorios, la frecuencia es el número de ondas que pasan por segundo. La unidad en la que se mide la frecuencia se llama hertz (Hz) y se calcula como ciclos entre segundo, es decir, número de veces por segundo que ocurre algún fenómeno:

1 Hz = 1/s


¿Qué tan alta puede ser una ola?

   En mar abierto, las olas pueden ser grandes, o medianas, o sólo ocasionales, el océano puede ser tan liso como una alberca. La fuerza de los vientos y huracanes levanta grandes olas. Pue­den levantarse a 20 metros o aún más, de tal manera que los barcos más grandes y potentes pueden encontrarse en peligro.
   A medida que las olas llegan a las playas bajas y chocan con la tierra, se hacen cada vez más altas. Algunas tormentas han causado olas de hasta 34 metros de altura. En Australia del Sur y California se forman olas de 1 a 3 metros de altura. Allí son tan grandes las olas, porque el enorme océano puede barrer la cos­ta sin la interrupción de islas u otros obstácu­los, que le harían perder su potencia.
   Las olas más impresionantes se llaman tsunami. Estas se producen cuando explota un volcán submarino, como el Krakatoa en 1883 o se desata un terremoto bajo el lecho marino. Estas olas son poco notables en mar abierto, pero cuando llegan a la costa, se levantan a alturas de más de 10 metros, inundando islas completas y ciudades costeras que se encuentren en su trayectoria.

¿Qué es el envejecimiento?

   La senectud parece ser resultado de una acumulación de errores en la transmisión del programa genético de las células somáticas en el curso de las mitosis o en la traducción de sus programas. Las proteínas finalmente formadas están, pues, modificadas y algunas de ellas ya no son útiles. Los órganos a los que afecta tal modificación funcionan mal. En el caso del hombre, por ejemplo, el riñon deja pasar la urea a la sangre, o las arterias pierden su elasticidad. Tal envejecimiento es ineluctable y hay un límite cierto de la duración de la vida. Solamente puede frenarse en cierta medida corrigiendo algunos defectos del metabolismo igual que se compensa, por ejemplo, gracias a una aportación exterior, la deficiencia de insulina de un diabético. De hecho, el envejecimiento responde a una necesidad biológica, pues un ser vivo que no puede ya reproducirse no resulta útil a la especie y su desaparición permite a los otros individuos tomar el relevo.