¿Qué fue el Spitfire?


   Cuando llegó la Segunda Guerra Mundial, en 1939, Inglaterra se encontraba mucho menos preparada que Alemania, qué tenía servicios militares numerosos y modernos. Pero Inglaterra contaba con el mejor avión de combate del mundo, el Spitfire. Este avión, junto con otro magnífico combatiente, el Hawker Hurricane, ayudaron a ganar la Batalla de Inglaterra en 1940, que salvó a la nación de la invasión de los alemanes, que eran más poderosos.
   Estos aviones de combate, no sólo eran rápi­dos y bien armados, sino que también su ma­niobra era muy eficiente. Es decir, podían virar rápidamente a altas velocidades, para sorpren­der a los aviones enemigos. Esta mezcla de velocidad y maniobrabilidad en los Spitfire, les dio la victoria tanto sobre los bombarderos, como sobre los aviones caza.

Las exportaciones

   Una de las funciones más importantes del comercio internacional es enviar mercan­cías de un país a otro.
Se llama exportador al país que las en­vía e importador al que las recibe. Este comercio existe sólo en sociedades con cierto grado de progreso. No se conocía entre los grupos humanos primitivos. En­tonces cada tribu o cada familia producía sólo lo suficiente para satisfacer sus pro­pias necesidades.
   Para que un país pueda exportar cerea­les, por ejemplo, deberá tener una agri­cultura desarrollada. Entre los antiguos, los fenicios y los árabes se dedicaron a llevar mercancías de un país a otro, ya no sólo accidentalmente, sino como una pro­fesión. Las exportaciones en gran escala fueron hechas después por los venecianos, que practicaban el comercio entre Europa y Asia. Cuando se abrieron las rutas marí­timas para las Indias y después para el Nuevo Mundo, los mayores comerciantes y navegantes fueron los portugueses y los españoles. Más tarde, los holandeses, fran­ceses e ingleses.
   En la actualidad, el mundo entero man­tiene el comercio entre todos los países, y la riqueza de cada nación puede medirse por la cantidad, la calidad y la organiza­ción de sus exportaciones. La exportación de los productos naturales y sobre todo de los productos transformados por la indus­tria es el medio normal de hacer llegar al país exportador el oro extranjero o la mo­neda internacional que regula el comercio mundial.

La útil invención del telégrafo

   La invención del telégrafo eléctrico es de­bida al norteamericano Samuel Morse. También ideó éste el célebre código que lleva su nombre, en el cual la combinación de puntos —señales breves— y de rayas —señales largas— representan las letras del alfabeto.
   Para expedir un mensaje bastaba recurrir a un manipulador conectado a la línea te­legráfica. Estaba constituido por una lá­mina metálica provista de una punta colo­cada frente a un contacto, también metá­lico. Al apretar sobre la lámina se establecía una conexión entre la punta y el contacto, y pasaba la corriente. El receptor compren­día un electroimán que, a cada paso de la corriente, apoyaba un estilete entintado sobre una banda de papel que se desenro­llaba mediante un movimiento de reloje­ría. El estilete marcaba un punto o trazaba una pequeña raya, según la duración del paso de la corriente.
   Morse proyectó esta telegrafía electro­magnética (a la cual deberían su salvación tantos barcos en apuros) a bordo de un buque en el que regresaba de Europa. Cuando desembarcó en Nueva York, sólo tuvo que construir el manipulador y el receptor, de los que ya tenía diseñado el croquis. Pero, por falta de dinero, hubo de esperar paciente y obstinadamente durante doce años hasta conseguir, el 28 de septiembre de 1837. llevar a cabo su primera transmisión: "¡Atención, Uni­verso!" Posteriormente fueron  aparecien­do aparatos telegráficos cada vez más perfeccionados, como los de Wheaststone, Mugues y Baudot, hasta llegar a la aparición del teletipo.