¿Cómo nació el teléfono?

   Cuando se construyó el pri­mer teléfono, entre 1875 y 1876, nadie podía sospechar que un instrumento tan peque­ño, y al parecer, tan insigni­ficante, pudiera llegar a tener tanta importancia. El inventor del primer teléfono práctico fue Alejandro Graham Bell, que concibió probablemente la idea de la telefonía en 1874, pero en aquel entonces, no veía la manera de llevarla a la práctica. Al año siguiente, estaba trabajando con su ayu­dante, Tomás A. Watson, en un telégrafo que pudiese transmitir varios mensajes te­legráficos al mismo tiempo, y mientras experimentaba con este aparato, descubrió accidentalmente un procedimiento para transmitir una nota musical por un conductor eléctrico. Este aparato hubiese, quizás, seguido siendo una simple curiosidad durante muchos años si Graham Bell no hubiera pensado ya, con anterioridad, en la posibi­lidad de transmitir la voz humana por medio de la corriente eléctrica. Poco tiempo después, planeó de­cididamente el primer teléfono eléctrico para trans­mitir la voz humana, aparato que fue construido por Watson.
   El teléfono fue el resultado de una investigación científica; por ello, Bell procuró por todos los me­dios que las investigaciones y los perfeccionamientos continuasen.
   Él y sus colaboradores dieron a Watson una par­ticipación en la primera compañía telefónica que constituyeron, tras de imponerle la condición de que dedicara su tiempo a perfeccionar la telefonía.

¿Cuál fue el primer automóvil de carreras?

   Esto es difícil de contestar porque varios de los primeros automóviles se "corrieron" a velocidades tan altas como 50 Km por hora. Pero este Gobron-Brillie de 1904, que ve­mos en la ilustración, llegó a la velocidad de 150 Km por hora y por ello podemos decir que fue uno de los primeros automóviles de carreras.


Gordon-Brillie
 
 
 
 
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¿Qué es y cómo se forma un arco iris?


   Cuando pasa la luz blanca, o la luz del Sol, a través de una pieza de vidrio de forma especial, llamado prisma, se dispersa en varias ondas luminosas diferentes, o rayos de luz. Vemos a cada uno de estas ondas luminosas de diferen­te color —rojo, anaranjado, amarillo, verde, azul, índigo y violeta—. Esto se debe a que el prisma desvía las ondas luminosas con dife­rente intensidad.
   En un arco iris, la luz del Sol se ha dispersa­do por muchas gotitas de agua, cada una de las cuales actúa como un pequeño prisma. Así, es más probable que vea un arco iris cuando el Sol brilla al mismo tiempo que cae la lluvia.
   Párese con su espalda hacia el Sol para ver el arco iris. A veces, aún se puede ver un arco iris doble —dos de estos arcos de colores, el más débil sobre el otro—. El arco iris brilla más y se oscurece mientras la lluvia que lo produce disminuye y desaparece. A veces se pueden ver arcos iris más permanentes, en el agua pulverizada de las cataratas, y aún, en un día muy soleado, en los rociadores que riegan el pasto.