La Odisea de Homero

   Homero, el gran poeta griego, narró el viaje de diez años de duración, que llevó a cabo Ulises (Odiseo), el ingenioso rey de Itaca, de regreso a su país tras haber participado otros tantos años en la célebre guerra de Troya (cuyos sucesos se narran en La Ilíada). Este poema épico, el segundo de Homero, lleva por título La Odisea: se trata sin lugar a dudas de la primera y más célebre de las grandes novelas de viajes y aventuras. El escenario en que se desenvuelven las peripecias de nuestro héroe es la parte del mundo mejor conocida por los griegos en aquella época: el Mediterráneo oriental y el Ponto Euxino (el mar Negro), Asia Menor (donde se hallaba la ciudad de Troya) y la multitud de islas que forman los archipiélagos griegos. Al final de su mítico viaje, Ulises se encuentra con que su esposa Penélope (que lo ha esperado durante veinte años) es asediada por varios pretendientes, a los que finalmente vence.
   Ulises es considerado el símbolo del explorador in­quieto, también del héroe ingenioso que sale vencedor de todos los peligros gracias a las estratagemas que se le ocurren.






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¿Cómo nacieron las montañas?

   Durante el transcurso de millones de años, la superficie de nuestro planeta se ha arrugado y plegado varias veces, dando origen a los valles por donde transcurren las corrientes de aguas, y a las altas montañas o las suaves colinas.
   En el lugar donde se encuentran actualmente las cordilleras montañosas existían hace millones de años profundas fosas marinas, los sinclinales, que han ido acumulando espesas capas de sedimentos. Los fondos marinos se han ido hundiendo progresivamente dando lugar a fenómenos geológicos muy complejos en el interior de la Tierra. Al mismo tiempo, los movimientos de la corteza terrestre pro­vocaban enormes presiones que moti­varon el lento plegamiento de los se­dimentos y su elevación posterior en la forma de montañas, todo esto ocurría mismo tiempo que las rocas cristalinas eran puestas al descubierto por la erosión.



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¿A qué se le llama año luz?


   En el espacio interestelar las distancias son vastísimas, por lo que no sería práctico calcularlas con las medidas habituales, como metros o kilómetros. Un año luz es la distancia recorrida por un rayo luminoso en 365 días. ¡Y la luz es rapidísima!
   Los astrónomos, que se dedican a explorar el cielo con sus potentes telescopios, emplean medidas proporcionadas a la inmensidad de nuestro uni­verso celeste. La luz se propaga a una ve­locidad de 300.000 kilómetros por segun­do, y un año tiene 31.536.000 segundos. Así pues, durante un año la luz puede recorrer 9.460.800.000.000 kilómetros. Por eso resulta más sencillo decir que Sirio, la estrella más brillante de nuestro cielo nocturno, se halla a 8,6 años luz de nosotros que ex­presar dicha distancia en kilómetros.