¿Por qué el espacio exterior es negro?

El espacio exterior no tiene aire. Es vacío y la luz blanca puede pasar directamente sin ser dispersada. En la Luna el cielo siempre es negro porque no tiene atmósfera que retenga las partículas de polvo. Esto significa que en la Luna el Sol brilla con toda su fuerza sobre un fondo negro y estrellado. Algo que sólo han experimentado algunos afortunados astronautas.

Jano (mitología)

   En la mitología romana, Jano es una deidad importante, sólo superada por el propio Júpiter. Fue considerado como el autor de las artes civilizadas y se cree que está sentado en los confines de la tierra y en las puertas del cielo y que es el guardián especial del principio y el final de cada empresa. Jano era el dios de la salida y la puesta del sol.
   A Jano se le atribuye el sistema de los años y el cambio de estaciones. El primer mes del año (que en español pasó del latín Ianuarius a Janeiro y Janero y de ahí derivó a Enero) fue nombrado en honor a él y su fiesta se celebraba el día de Año Nuevo. Jano era invocado por la mañana, ya que la fortuna y la desgracia estaban en sus manos. Jano no tiene equivalente en la mitología griega.
   Como guardián de las puertas y las entradas, Jano se representa en el arte con dos caras, una cara mirando hacia el este y la otra al oeste. En su mano derecha sostiene un cetro y en la izquierda una llave. Las puertas del templo de Jano en Roma permanecían abiertas en tiempo de guerra, mientras que en tiempo de paz se las cerraba en medio de grandes ceremonias y fiestas. Se dice que durante 700 años estas puertas sólo se cerraron en tres ocasiones.
   Al igual que Prometeo, Jano es una suerte de héroe cultural, ya que se le atribuye entre otras cosas la invención del dinero, las leyes y la agricultura.


La necesidad de lavarse con jabón

   Nuestro cuerpo, para poder fun­cionar constantemente como es de­bido, necesita eliminar las escorias perjudiciales que produce día a día. Los ga­ses, el vapor acuoso y los residuos del metabolismo son expulsados en abundancia y de modo continuado a través de los pulmones y los ríño­nes. La piel, aunque en menor medi­da, expulsa también sin cesar las mismas substancias perjudiciales. ¿Cómo se produce este fenómeno? La superficie de nuestro cuerpo está plagada de minúsculos tubitos que desembocan en unos pequeños ori­ficios llamados poros. A través de estos poros se produce la respira­ción de la piel. Si nos cubriéramos todo el cuerpo con una capa imper­meable, por ejemplo de barniz, mo­riríamos al cabo de pocas horas in­toxicados por las substancias per­judiciales que no hallarían los ca­nales necesarios para su salida. La suciedad es la causa principal de la mala respiración de la piel. Por consiguiente, lavarnos con fre­cuencia el cuerpo, y no sólo las ma­nos y la cara, significa protegernos contra los peligros de infección.