Los inicios de los Puentes Colgantes

   El puente colgante, en realidad es muy sencillo. Está sus­pendido, o colgado de dos o cuatro gruesos cables de acero anclados en enormes bloques de concreto de lados opuestos del río, pasando por torres muy altas de acero. Generalmente, por largos que sean los tramos hay sólo dos torres. Esto signi­fica que es necesario construir dos pilas en el río para sostener las torres.
   El hombre probablemente se valió de algún tipo de puen­te colgante desde que observó cómo los monos se colgaban de las lianas. Los chinos fueron los primeros en construir puentes colgantes verdaderamente fuertes.
   Hace varios siglos tenían ya puentes sostenidos por gran­des cables de bambú entrelazado o torcido. Todavía se encuen­tran en servicio algunos puentes de esa clase que salvan distancias hasta de noventa metros. Generalmente en uno de los extremos del puente hay un aparato para estirar el cable cuando comienza a dar de sí. Esos puentes tienen un camino formado por pequeños listones de madera colocados sobre los cables. Otros cables sirven de barandilla.
   Lo único malo de esos puentes colgantes es que los cables deben ser substituidos cada seis meses o cada año, para que sean seguros.

Igor Stravinsky, compositor revolucionario

   La primera música de ballet de Igor Stravinsky (17 de Junio de 1882 – 6 de Abril de 1971) inició una nueva tendencia musical de tonos extraños y complejos. No obstan­te, la descartó después y la substituyó por la forma clásica, sin que esto quiera decir que sujetara nunca estrictamente a normas su arte.
   Stravinsky nació en Oranienbaum, cerca de San Petersburgo. Su padre era un bajo importante en la Ópera Imperial. De niño, recibió lecciones de piano, pero el padre no alentó precisamente al muchacho a que hiciera de la músi­ca su carrera. Igor Stravinsky ingresó en la Universidad de San Petersburgo para estudiar la carrera de Dere­cho, pero siguió tomando sin interrupción lecciones particulares de música.
   Cuando tenía 19 años, Stravinsky conoció a Rimski Korsakov, el gran compositor ruso. Por indicación suya, abandonó Stravinsky el estudio del Derecho y se de­dicó por entero a la composición. Su primera obra importante fue un poema sinfónico llamado Fuegos Artificiales. Esta obra llamó la atención de Sergio Diaghilev, di­rector del Ballet Ruso de París. Diaghilev le encargó que escribiera música de ballet, y el artista compuso El pá­jaro de fuego, Petrushka y La consagración de la Primavera. Estas tres brillantes partitu­ras de Stravinsky fueron revolucio­narias en su efecto to­nal, y los críticos con­denaron violentamente al joven compositor. Pero otros músicos em­pezaron pronto a imi­tarlo.
   Después de la pri­mera Guerra Mundial, la música de Stravins­ky se hizo más austera y más nacional cada día. Casi toda ella se basaba en temas rusos. Después, en 1923, volvió bruscamente a las formas clásicas de los siglos XVII y XVIII. Edipo Rey (ópera), La sinfo­nía de los Salmos y Capricho se escribieron durante este período.
   En 1941, Igor Stravinsky se estableció en los Estados Unidos y solicitó la ciudadanía. En 1951, se estrenó en Venecia su ópera Los progresos del libertino.

Stravinsky

Igor Stravinsky


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El compositor Richard Strauss


   Uno de los músicos más discu­tidos a principios del siglo XX fue sin duda el alemán Richard Strauss (1864-1949), porque en la mayor par­te de sus composiciones para orquesta, se preocupó muy poco de la belleza de las melodías, para conse­guir su propósito de dar realidad a la música. Para ello, Strauss no vaciló en emplear los tonos más discordan­tes y en utilizar cualquiera de los instrumentos de la orquesta para lograr extraordinarios efectos imi­tativos. Así, consiguió utilizar el silbido del vapor mediante una especie de cepillos duros frotados con­tra la piel del tambor; el ruido de los caballos por medio de un tambor chino de madera golpeado con palillos tubulares, y el sonido de la lluvia con un tambor lleno de piedrecitas, montado sobre cojine­tes, al que se le imprimía un movimiento rápido de rotación.