Johann Strauss II (el Joven)

   La familia Strauss, padre e hijos, dominó la música de bai­le de Europa por espacio de casi cien años, Johann Strauss el Viejo (1804-1849) popularizó el vals en Europa, pero fue su hijo, llamado el Joven para dis­tinguirlo de él, quien adquirió fama en el mundo como el rey del vals.
   Johann Strauss el Joven nació en Viena el 25 de octubre de 1825. Su padre era popular en toda Europa como director de orquesta y compositor. Él que­ría ser músico como su proge­nitor, y escribió su primer vals a la edad de seis años, pero su padre quiso que el mu­chacho Strauss siguiera otras carreras. Obedientemente, Johann asistió al Gimnasio y al Instituto Politécnico. Des­pués de graduarse, se convirtió en un empleado de banco, pero entre tanto, alentado por su madre, es­tudió en secreto el violín y la composición musical.
   Cuando tenía diecisie­te años, se separaron sus padres. Entonces, se de­dicó por entero a la mú­sica. Dos años después, formó una orquesta. Su primer concierto tuvo un éxito enorme. En él, tocó sus propios valses y uno de su padre, pero el viejo Strauss nunca se reconcilió con él. Sur­gió entre ellos entonces una rivalidad musical que duró hasta la muer­te súbita del padre, en el año 1849.
   Strauss reunió enton­ces sus orquestas y dio conciertos por toda Ale­mania. Después, reco­rrió toda Europa y al­gunas partes de los Estados Unidos. Dirigió también durante diez años los conciertos de verano de San Petersburgo. En 1862, se casó con una cantante muy popular, Enriqueta Treffz.
   Además de 479 composiciones, Strauss escribió dieciséis operetas, entre ellas: El Murciélago, Una noche en Venecia, Cagliostro y El barón gitano.
   Johann Strauss II murió en 1899.

Johann Strauss II

Johann Strauss II



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¿Qué función cumplen los remolcadores?

   Los remolcadores son sin duda los barcos que más trabajan, pujan grandes embarcaciones y las remolcan a través de las radas y los ríos de mucho movimiento y las llevan hasta sus muelles. También remolcan hileras de barcazas que no tienen medios propios de locomoción. Los remolcadores de altura salen a alta mar a remolcar barcos averiados y a veces sus po­tentes bombas se emplean para combatir incendios.
   A causa de que necesitan tanta potencia para desempe­ñar todos esos trabajos, los remolcadores tienen máquinas muy grandes. La cabina del piloto se encuentra muy cerca de proa. Allí trabaja el capitán, que timonea el remolcador y envía señales de campana al maquinista. Da sus órdenes por un tubo acústico que permite que se oiga la voz del capitan en todo el barco. Cuando trabajan juntos varios remol­cadores, sus capitanes se hablan entre sí por radioteléfono.
   La proa y los costados del remolcador están provistos de amortiguadores de cuerda, para evitar que la embarcación choque con demasiada fuerza contra el barco que esté empu­jando. Para remolcar emplea un cable de acero, sujeto a un gancho o poste de metal, llamado bita o tarugo.
   Los remolcadores de altura, más grandes que los de puer­to, figuran entre las naves más marineras del mundo. Pues­to que los desastres marítimos suelen ocurrir cuando el estado del tiempo es pésimo, esos remolcadores deben trabajar bien por muy picada que esté la mar.
   A veces basta un solo remolcador para arrastrar todo un rosario de barcazas. Aunque algunas barcazas tienen sus propias máquinas, otras son "mudas", es decir, carentes de ruido propio. Las barcazas están hechas para el transporte de muchas clases de carga pesada. Unas llevan despojo o ba­sura que arrojan mar adentro.


El Tamarindo


   La rara belleza del tamarindo, así como el valor comercial de las vainas de sus legumbres, hojas y madera han hecho que sea un árbol muy cultivado en los trópicos. El tamarindo alcanza una altura de 20 a 25 metros; sus ramas se extienden horizontalmente y están  cubiertas de follaje verde claro brillante, adornado con racimos de flores de color purpúreo o anaranjado.

   Los frutos del tamarindo son unas legumbres encorvadas de color pardo, de 6 a 15 centímetros de longitud, que contienen una pulpa ácida jugosa. Conservados en toneles, son embarcados en las Indias Orientales y Occidentales rumbo a los países europeos, en donde la pulpa se usa como laxante y para hacer bebidas refrescantes y helados; hervi­da con azúcar, se convierte en el tamarindo del comercio. En la India, se usan las semi­llas y las hojas para hacer una tinta o colorante, rojo o amarillo. El árbol del tamarindo proporcio­na una madera dura y fina, muy estimada en ebanistería. Generalmente, se cree que el África tropical oriental, desde Etiopía hasta Zambeze, es la región originaria del ta­marindo; sin embargo, ha sido extensamente cultivado en mu­chos otros países tropicales. Crece también con todo éxito en Florida, en las regiones tro­picales de México y en Amé­rica Central. En México, son realmente notables los tamarindos que circundan el Zócalo de Iguala, al que dan un bello aspecto por ser muy frondosos y de espeso ramaje.

   El tamarindo pertenece a la  familia de las leguminosas y al grupo de las cesalpiniáceas. Su nombre científico es Tamarindus indica. Sus hojas son pequeñas y pinnadas. Las flores, muy olorosas, se encuentran en racimos terminales;  tienen 4 sépalos,  3 pétalos y 3 estambres encorvados.