¿Por qué tenemos uñas anchas?


   Las uñas son esencialmente versiones aplanadas de garras, y han evolucionado en todos los primates (incluidos los seres humanos) para dar soporte a la punta de los dedos anchos, dice John Hawks, profesor de antropología de la Universidad de Wisconsin-Madison.
   Monos, simios y lémures pasan mucho tiempo en los árboles, y los dedos amplios les ayudan a darles el poderoso agarre necesario para subir los troncos y colgar de las ramas.
Por supuesto, otros animales, como gatos y ardillas, trepan a los árboles, también. Pero lo hacen con sus garras, y no por medio de asirse de las ramas como hacen los primates. "Es básicamente una estrategia diferente para escalar", dijo Hawks.
   Como los primates, los humanos no sólo heredamos dedos amplios, pero los nuestros son aún más anchos que los de nuestros parientes más cercanos, como los chimpancés y  orangutanes, dice Hawks. La razón de esto se remonta a los días en que el hombre usó herramientas por primera vez: las piedras que se chocan para hacer herramientas requieren de un control muy fuerte.
   Aunque las uñas amplias han servido muy bien a los primates, Hawks también nos recuerda que "las garras son mejores para algunas cosas." Es por eso que, además de las uñas, los lémures han mantenido una garra para el aseo de su piel. Un lemur, el aye-aye, ha mantenido incluso dos, una de las cuales se encuentra en el extremo de un dedo largo y huesudo.
   El aye-aye utiliza esta garra para arrastrar los insectos y las larvas fuera de sus escondites. Intente hacer eso con una uña.

¿Cómo nació la bombilla eléctrica?


   El gran inventor Thomas A. Edison, había observado que existen unos cuerpos a través de los cuales fluye con mayor facilidad la energía eléctrica (buenos con­ductores), y otros que oponen cier­ta resistencia a su fluido (malos conductores). Se percató también de que algunos de estos últimos se calentaban al pasar la corriente, hasta tornarse incandescente. Un filamento de carbón, por ejem­plo, adquiría gran luminosidad al ser atravesado por la corriente, pero el fenómeno duraba muy poco porque el carbón ardía rápidamente al en­trar en contacto con el oxígeno del aire.
   Edison pensó entonces en la posi­bilidad de llevar a cabo un experi­mento en el interior de una bola de cristal de la que, por medio de una bomba, se hubiera extraído el aire. Esta vez la luminosidad del filamen­to duró más. Había nacido la pri­mera lámpara de incandescencia. La instalación doméstica de una bombilla eléctrica es muy sencilla: se precisan dos hilos para conducir la corriente a la lámpara, uno de los cuales está interrumpido. A am­bos extremos de la interrupción se aplica un aparatito cuya misión es la de cerrar y abrir el circuito. Este aparato es el interruptor.

¿De qué están hechos los dientes?


   Construidos para triturar y masticar, los dientes consisten principalmente, de minerales duros e inorgánicos como el calcio. Pero también contienen nervios, vasos sanguíneos y células especializadas que producen las diferentes partes del diente, dice Bill Gengler, dentista veterinario y cirujano oral en la Escuela de Medicina Veterinaria de la Universidad de Wiscolsin-Madison.
   La capa más externa del diente (la parte que nos cepillamos) es el esmalte. Depositado por las células llamadas ameloblastos, el esmalte es 95 por ciento inorgánico, dice Gengler, por lo que es el material más duro en el cuerpo. En contraste, sólo un 50 por ciento de nuestros huesos es mineral.
   El esmalte es muy delgado (en perros y gatos, por ejemplo, es sólo una fracción de un milímetro de grosor), por lo que la mayor parte de la sustancia de un diente consiste en la dentina que se encuentra por debajo del esmalte. Producida por las células llamadas odontoblastos, la dentina es aproximadamente 70 por ciento inorgánica y estructuralmente tubular, como una red de "conductos pequeños con líquido en su interior", dice Gengler.
   En el interior del diente, debajo de la dentina, se encuentra la cámara pulpar. La pulpa incluye los vasos sanguíneos que nutren al diente mediante la entrega de oxígeno y nutrientes, y de ciertas fibras nerviosas que nos advierten de problemas como dolores de muelas o hipersensibilidad.