¿Qué son los calambres?


   Los calambres son espas­mos o contracciones muy fuertes de los músculos vo­luntarios, generalmente de las extremidades. Ocasionan do­lor y suelen producirse tras la realización de ejercicios gim­násticos o deportivos en los que se suda abundantemente. Es precisamente esta sudoración la que hace que los mús­culos se contraigan, ya que el cuerpo pierde gran cantidad de agua y de cloruro sódico, elementos imprescindibles

para el relajamiento y la dis­tensión muscular. Existe tam­bién otra causa responsable de la aparición de calambres: un estado neurótico de mucha concentración y ejercicio con­tinuo. Es el caso de los deno­minados calambres de pianis­tas y escribanos.

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¿Se pueden contar las estrellas?

   Con una mirada atenta al firmamento en una noche despejada nos parecerá que ve­mos un número infinito de estrellas. Pero en reali­dad, nuestros ojos no captan más que unas 6 000 en total. Sin embargo, con las fotografías tomadas por los grandes telescopios, los astrónomos pueden, li­teralmente, contarlas por millones.

   Los astrónomos no se limitan a contar las estrellas; también quieren saber exactamente dónde está cada una en la bóveda celeste, para registrarla en su ca­tálogo. Aun antes de que se inventara el telescopio, hacia 1600, los astrónomos ya habían establecido la posición de to­das las estrellas perceptibles a simple vista, utilizando visores tan sencillos co­mo la mira de los rifles.

¿Desde cuándo usamos lentes?

   Cuentan las crónicas que Nerón contemplaba las lu­chas circenses de los gladia­dores a través de una esmeralda. Algunos historiadores qui­sieron ver en esta extravagan­cia el primer indicio del uso de anteojos. Lo más probable es que el emperador sólo preten­diera recrearse con el colorido y la distorsión óptica de tan sangriento espectáculo.
   Hoy se está de acuerdo en fechar la invención de los len­tes en el siglo XIII, atribuyendo su paternidad al inglés Roger Bacon. Ya en 1267 el genial monje describía dicho artefac­to en su obra Opus maius. Otros consideran como inven­tor al italiano Salvino Armati, muerto en 1285, en cuya tumba aparece, la inscripción «inventor degli occhiali».
   Los primeros modelos de lentes, popularizados a princi­pios del siglo XIV, eran simples armazones de madera en los que se introducían cristales. Conocidos como lentes-percha, tenían que ser sujetados con una mano. El siguiente paso lo constituyeron las lentes apoya­das sobre la nariz, los famosos quevedos. Después llegaron los lentes-cinta, que se fijaban a la cabeza con una correa de cuero. Cierres más raros fueron sin du­da los lentes de pesas: en lugar de patillas tenían dos cadenitas de las que colgaban sendas bo­las de plomo que se pasaban por detrás de las orejas para hacer de contrapeso y asegurar la sujeción.
   En cualquier caso, los expe­rimentos con cuerpos de pro­piedades ópticas se remontan a los primeros tiempos de la Historia. En Nínive, capital de Asiría, se encontró una lente de cristal de roca que proba­blemente se empleaba para escrituras en miniatura. De he­cho, las pizarras cuneiformes que se hallaron en las mismas excavaciones resultan ilegi­bles sin ayuda de la lupa.

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