¿Quién inventó un método muy eficaz para extirpar las cataratas?

   La vocación de Ignacio Barraquer por la oftalmología no fue un hecho casual. Su padre, José Antonio Barraquer, era un ilustre oftalmólo­go barcelonés, que había ocupado la primera cátedra de la especialidad en la Facultad de Medicina de su ciudad natal, que dirigía la Clínica Oftálmica del Hospital Clínico y que, por sus abundantes y notables trabajos, estaba reconocido como una de las mayores autoridades mundiales en la materia, siendo miembro de varias corporaciones científicas extranjeras. Ignacio Barraquer, nacido también en Bar­celona, en 1881, creció, por tanto, en un ambiente familiar en el que la ciencia médica estaba conti­nuamente presente (su tío Luis fue igualmente un prestigiosísimo neurólogo), lo que determinó que siguiera la profesión de su padre, en la que iba a alcanzar, si cabe, aún más renombre que éste. Padre e hijo se especializaron en el tratamiento de las cataratas, que es una afección de la vista que con­siste en una opacidad del cristalino del ojo, o de la cápsula que lo en­vuelve, que determina la progresiva pérdida de la visión y que sólo tiene remedio mediante la cirugía, es de­cir, la extirpación de tal catarata. Su padre era un hábil cirujano de cata­ratas, pero Ignacio ideó un método que le haría mundialmente famoso: la extracción por aspiración, llama­do también facoéresis, consisten­te en la absorción de la catarata me­diante un instrumento dotado de una ventosa. El método Barraquer alcanzaría particular notoriedad cuando fue capaz de devolver la vista a la anciana emperatriz Eugenia de Montijo.

   José Antonio Barraquer, que había sido sucedido en la cátedra de la Fa­cultad por su hijo Ignacio, murió en 1924. Ignacio siguió trabajando y devolviendo la vista a sus pacien­tes, y en 1947, año en el que ce­lebró sus «bodas de oro» operato­rias, ya que había practicado su pri­mera intervención cuando aún era muy joven, fundó el Instituto Barra­quer, entidad dedicada a la investi­gación y la enseñanza de la oftalmo­logía, ciencia para la que también inventó numeroso material quirúrgi­co. Fue autor además de numero­sos trabajos de oftalmología, como Conjuntivitis y sus afecciones y Extracción ideal de la catarata. Per­teneció, como miembro de honor, a muchas asociaciones científicas es­pañolas y extranjeras. Al morir Ignacio, en 1965, la tradi­ción familiar proseguía: un nuevo Barraquer, hijo suyo, tomó el relevo al frente de la clínica barcelonesa.