La leyenda de Rómulo y Remo

LOS LEGENDARIOS FUNDADORES DE ROMA
De acuerdo con una famosa leyenda, el príncipe troyano Eneas, sobreviviente de la ciudad de Ilión, había llegado, después de muchas aventuras, a las costas del Lacio.
Allí se había establecido, después de haberse casado con la hija del rey Latino. El hijo de Eneas fundó la ciudad de Albalonga, capital de los latinos, y se convirtió en su rey. Transcurrieron cuatro siglos; ocho generaciones de so­beranos se sucedieron en la ciudad, hasta que, hacia el si­glo VIII a. de J. C., se hallaba en el trono el rey Numitor.

Éste tenía un hermano, Amulio, quien lo despojó del trono. Numitor tenía una hija, Rea Silvia; para que ésta no pudiese tener hijos, que habrían podido destronarlo, Amulio la obligó a convertirse en sacerdotisa del templo de Vesta. Pero el dios Marte se desposó secretamente con Rea Silvia, que fue madre de dos gemelos. Cuando Amulio se enteró de este hecho, ordenó que Rea Silvia fuese sepul­tada viva, y los dos gemelos ahogados en el río Tíber. Pero un criado piadoso colocó los gemelos en un canasto, aban­donándolos a las olas. La frágil embarcación encalló pronto en la orilla y los gritos de los dos pequeños llamaron la atención de una loba que vivía en la selva vecina. La fiera, en vez de devorarlos, los amamantó y los cuidó.

En recuerdo de este hecho el escudo de Roma lleva, pre­cisamente, una loba que amamanta a dos niños; alguna otra leyenda dice, sin embargo, que se trataba de una mujer a quien se había apodado Loba.
Recogidos luego por un pastor, Faustolo, los dos geme­los crecieron robustos y valientes. Llegados a hombres, des­cubrieron el secreto de su origen; con un grupo de com­pañeros regresaron a Albalonga, asesinaron al usurpador y liberaron al viejo Numitor, su abuelo, reponiéndolo en el trono. Luego decidieron fundar una nueva ciudad, cerca del río del cual habían sido salvados.

¿Quién de los dos llegaría a ser el soberano? Los dos hermanos decidieron apelar al juicio de los dioses. Quien viese volar más pájaros en el cielo, sería el elegido: Remo subió al monte Aventino y vio en primer lugar seis buitres; Rómulo subió al Palatino y vio allí doce buitres. De ahí surgió una rivalidad entre los dos hermanos. Cuando Ró­mulo celebró la ceremonia de la fundación, según el ritual etrusco, trazando el límite de la ciudad con un arado de bronce, Remo, en señal de desprecio, lo atravesó de un salto. Rómulo, dominado por la ira, lo mató; luego, volviéndose hacia sus compañeros, exclamó: "Así morirá quienquiera que se atreva a traspasar estas murallas". De este modo, Rómulo quedó como único soberano de la nueva ciudad, y la llamó Roma (21 de abril del 753 a. de J. C.)


LAS OBRAS DE SU PRIMER SOBERANO
Los historiadores nos suministran algunas noticias sobre las obras del primer rey de Roma. Primeramente, Rómulo hizo fortificar el cerro Palatino sobre el cual surgía la ciu­dad. Después, para aumentar el número de habitantes, de­claró que había concedido el "derecho de asilo", es decir, que acogería y protegería a todo el que fuera a habitarla; lo cierto es que muchos malhechores, para quienes no corrían buenos vientos en las ciudades cercanas, recibieron con sin­gular alegría la impunidad prometida por Rómulo y se tras­ladaron a Roma. La vida en la ciudad no debía ser muy segura en aquellos tiempos, y de hecho el mismo rey Rómulo cumplía sus actividades siempre escoltado por una guardia personal de trescientos hombres armados. Como aquella incipiente población no tenía mujeres, narra la leyenda que el rey Rómulo organizó el rapto de las mujeres de un pue­blo vecino: los sabinos.

Naturalmente, estalló la guerra; pero las mujeres sabi­nas, ya convertidas en esposas de los romanos, consiguieron calmar los ánimos. Los dos pueblos, sabinos y romanos, decidieron unirse, y Rómulo debió aceptar como colega al rey de los sabinos, Tito Tacio. Fue un sacrificio de breve duración, porque Tito Tacio murió poco después. Rómulo, que quedó como único rey, emprendió las primeras guerras victoriosas contra algunas ciudades cercanas.


MISTERIOSO FIN
Rómulo reinó unos cuarenta años. Desapareció misteriosa­mente durante un temporal mientras revistaba a su ejército. La leyenda pretende que fue llevado al cielo por los dioses Y que desde allí continúa velando sobre la ciudad. Lo llama­ron dios Quirino, y en su honor levantaron un templo.