¿Cómo respiramos?

   De igual manera que un automóvil necesita combustible, nuestro cuerpo requiere oxígeno, un componente del aire, para funcionar correctamente. Sin oxígeno, las células morirían en pocos minutos. Nuestras células también producen un gas denominado anhídrido carbónico, el cual deben expulsar para no envenenarse. Por ello respiramos, para alimentar las células con oxígeno y desechar lo que sobra.

   Automáticamente, respiramos todo el tiempo. El aire entra por la nariz o la boca, pasa por la tráquea, luego por dos tubos más estrechos hasta llegar a los pulmones. En cada pulmón estos tubos se ramifican, como un árbol. Al final de cada ramificación hay diminutas cámaras de aire similares a pequeñas burbujas, llamadas alvéolos.

   Los alvéolos están cubiertos por finos vasos sanguíneos. El oxígeno pasa de los alvéolos a la sangre y después al resto del cuerpo. El anhídrido carbónico lo hace en sentido contrario para ser expulsado cuando espiramos.
   Cuando aspiramos el aire, las costillas se mueven hacia arriba para que los pulmones puedan expandirse mientras inhalamos. El diafragma (membrana muscular debajo de los pulmones) también se mueve para darles mayor espacio. Cuando espiramos, las costillas se mueven hacia adentro y hacia abajo, y el diafragma se mueve hacia arriba. Esto hace más pequeño el espacio en el pecho y facilita la expulsión del aire.