Justo Sierra

Justo Sierra (1848-1912)
   Entre las figuras de primer plano de las letras americanas, hace un bri­llante papel Justo Sierra, político y escritor mexi­cano nacido en Campeche, hijo del jurista y escritor del mismo nombre (1814-1861). Ministro de Instruc­ción Pública con Por­firio Díaz y creador de la moderna Univer­sidad Nacional de Mé­xico, pocos compatrio­tas suyos han contraído tantos méritos como él para con su patria, en relación con el pro­greso y con la forma­ción de las generacio­nes juveniles. Al caer Porfirio Díaz, no sólo se le respetó, sino tam­bién se le designó representante de México en España (1912).
   Profesor, orador, poeta, historiador y diplomático, Justo Sierra fue más que nada un educador liberal, el hombre que hizo posible el progre­so cultural de su pueblo en los tiempos de una férrea dictadura. Sus ocupaciones como ministro de Edu­cación le impidieron terminar su libro Juárez: su obra y su tiempo; le ayudó a acabarlo el historiador mexicano Carlos Pereyra.
   Como educador y ministro, podemos afirmar que las orientaciones modernas de la enseñanza y de las juventudes mexicanas a él se le deben en principio; como orador, Justo Sierra dejó en el Parlamento honda huella de su paso; como poeta, se inspiró en los románticos franceses, y aunque nunca revelaron sus versos la calidad de un lírico de altura, no dejó de cultivar la poesía en ningún instante y consiguió producir sonetos tan correctos como Spírita y Florencia, na­rraciones tan celebradas como Playeras, composicio­nes de la altura de Otoñal, A Cristóbal Colón, etc.
   Sierra intentó el éxito en el teatro al hacer representar su Piedad. Pero la personalidad literaria del histo­riador y del pedagogo la encontramos esencialmente concretada en su Manual escolar de Historia Gene­ral, en su Catecismo de Historia Patria y en su México: su evolución social. Su ensayo En tierra yankee es un libro de viajes en el que se advierte la mano firme del filósofo y político americano de fino espíritu crítico. Sus Cuentos Románticos son bello ejemplo de narraciones románticas mexicanas.
   Justo Sierra fue un hombre moderno y generoso; su obra pue­de considerarse paralela a la que realizaron Bello en Sudamérica y Hostos en las Antillas. Se le ha lla­mado Maestro de América.