Historia del comercio de especias

Comercio de especias y guerras originadas por su posesión
   Las especias orientales fueron, en otro tiempo, una mercancía de alto precio en Europa. Por el deseo de poseerlas se originaron diversas guerras y se em­prendieron temerarias expediciones ha­cia los países productores. Cuando, en 1289, el veneciano Marco Polo regresó de su viaje a China y enu­meró la gran cantidad de especias que había encontrado, el comercio con Orien­te despertó gran interés, iniciándose un activo tráfico entre Oriente y Occiden­te, con Venecia como centro más im­portante. A mediados del s. XV, los turcos acabaron con este tráfico, termi­nando, con ello, la época de esplendor de Venecia.
   La especia más codiciada era la pimien­ta, hasta el punto de que llegó a utilizar­se como moneda. También fue esta es­pecia la que motivó el viaje de los navios portugueses que, mandados por Vasco de Gama, llegaron a la India en 1498, tras doblar el cabo de Buena Esperanza. El descubrimiento de la ruta marítima de la India produjo, en Europa, la caída de los precios de la pimienta. Ya algunos años antes había emprendido Colón su primer viaje hacia el Oeste, descubrien­do un nuevo mundo al que llamó Indias, por creer que se trataba de la India, tie­rra de las especias. A pesar del error, América participó del comercio de las especias, sobre todo con el pimentón. En el siglo XVI, los portugueses arribaron a Ceilán la "isla de la Canela". También la famosa expedición de Maga­llanes (primera circunnavegación de la Tierra), concluida por Elcano, se llevó a cabo, en parte, pensando en el comer­cio de las especias. El viaje duró desde 1519 hasta 1522 y fue terriblemente penoso. De las cinco naves que partie­ron, sólo regresó una, trayendo un car­gamento de clavo que cubrió todos los gastos y que, incluso, proporcionó bue­nas ganancias.
   El dominio portugués sobre el comercio de las especias terminó cuando, en 1640, los holandeses conquistaron Malaca. El monopolio holandés de las especias duró hasta fines del s. XVIII, en que Francia e Inglaterra se convirtieron en potencias coloniales. Los precios de las especias bajaron enormemente, y las amas de casa del s. XIX pudieron em­plearlas con prodigalidad. A principios del s. XIX muchas especias cayeron en desuso, manteniéndose sólo la pimienta, la canela, el azafrán y alguna otra. En tiempos ya más modernos, tanto las especias europeas como las exóticas han inspirado ciertas fantasías culinarias.