Las fascinantes serpientes

   Por lejana que sea la época de la Historia a que nos remontemos, siempre tropezare­mos con la extraña fascinación que las serpientes han ejercido sobre los hombres. En tiempos antiguos, eran adoradas como dioses o como amigas de ios dioses. Entre los griegos, estaban dedicadas a Esculapio, dios de la Medicina. El papel que la ser­piente jugó en el Paraíso Terrenal es conocido de todos. En la Edad Media, se presentan íntimamente relacionadas con la magia negra y con los malos es­píritus, e infinidad de leyendas están basadas en serpientes monstruosas que guardan fantásticos teso­ros o que viven en el fondo de los mares. La mayor parte de la gente, incluso en los pueblos modernos civilizados, continúa viéndolas con una injustificada repugnancia y gran espanto. Muy a menudo, oímos exclamar: "no sé por qué, pero las serpientes me hacen estremecer". Esto no se debe al miedo de ser envenenados, porque este mismo sentimiento existe ton respecto a aquellas que se sabe que no causan daño alguno.
   Lo cierto es que las serpientes tienen una apa­riencia y unas costumbres que intrigan o causan temor.
En primer lugar, nunca cierran los ojos; no pueden hacerlo porque no tienen párpados, sino tan sólo unas membranas transparentes protectoras, ori­ginadas por evolución de ambos párpados. Tal es la causa por la que la mirada de estos reptiles sea fija y vidriosa; esto ha contribuido a la falsa creencia popular de que son capaces de hipnotizar a su presa. Otro hecho sorprendente es el que una ser­piente, al desprenderse de su vieja piel, aparece de nuevo limpia y brillante, con otra indumentaria. Es­ta rara propiedad hizo creer a los pueblos primiti­vos que las serpientes eran inmortales y podían re­novarse y empezar de nuevo su vida. Se suponía que incluso cortadas en dos partes, cada una de ellas se arrastraba hasta encontrar a la otra, y entonces, se soldaban y formaban de nuevo el cuerpo del rep­til. Realmente lo que les pasa es que la piel de la serpiente, en vez de caer en trozos o en pequeñas escamas que se des­prenden sucesivamente, como pasa en la mayor par­te de los lagartos y en el hombre mismo, es cambia­da de una sola vez. La parte desprendida es lo que se llama camisa de la culebra.

serpiente

Serpientes

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Serpientes de cascabel