¿Cómo funciona el microscopio?

   No se sabe de seguro cuándo descubrió el hombre, por primera vez, que un objeto visto a tra­vés de un cristal de forma lenticular aparecía agrandado. Existen a este respecto testimonios antiquísimos, pero muy vagos: forman parte de la prehistoria. La historia se inició en el siglo dieciséis, con el italiano Benedetto Rucellai, quien describe en uno de sus breves poemas las observaciones realizadas sobre abejas seccionadas con la ayuda de un espejo cóncavo.
   Un siglo más tarde, y gracias a los perfeccionamientos aportados por el holandés Leenwenhoek, el mi­croscopio alcanza la edad adulta. Su nombre, producto de laboratorio, es­tá formado por dos palabras grie­gas: micros (pequeño) y scopéo (observación). El aparato funciona mediante dos sistemas de lentes: una de ellas (el objetivo) produce una imagen agrandada del objeto, mientras que la otra (el ocular) agranda ulteriormente la imagen.
   Los objetos a observar se colocan sobre un cristal y se iluminan por transparencia, mediante un peque­ño espejo que refleja y concentra sobre ellos la luz ambiental. Actual­mente se utilizan también microsco­pios electrónicos, capaces de agran­dar millones de veces un objeto.
   Los elementos fundamentales de un microscopio normal de laboratorio son: el condensador, que ilumina el objeto a examinar haciendo converger en él la luz de una fuente luminosa; el sistema de enfoque de la imagen; y las tuercas micrométricas, que permiten mover el cristal de tal forma que la parte a observar esté siempre enfocada.