En su acepción más general este término significa afición a las cosas más recientes o nuevas de la época, pero en un sentido más preciso y restringido es una orientación artística de gran trascendencia en el siglo XX. Específicamente se entiende por modernismo la orientación poética que el poeta nicaragüense Rubén Darío imprimió a sus composiciones desde fines del siglo XIX. Es, por una parte, una reacción contra el prosaísmo en que había desembocado la poesía hispana después de alcanzar mejores momentos en el periodo romántico y, por otra, constituye una actitud de admiración hacia las orientaciones logradas por las grandes escuelas poéticas francesas, que se conocen con el nombre de simbolista, parnasiana y decadente.
La elaboración personal del modernismo incluye un deseo vehemente de dar renovado brillo a la forma echando mano de todos los recursos estilísticos que sean necesarios, y de crear una tendencia nueva y original en la selección y tratamiento de los temas. Alejándose en lo posible del realismo y del naturalismo, el modernismo busca un mundo nuevo que bien puede encontrarse en el pasado, en ambientes refinados y aristocráticos, o en lejanas y exóticas tierras.
El modernismo es una síntesis artística en que el espíritu poético del autor ha amalgamado una variedad enorme de manifestaciones temáticas y formales para expresarlas con nuevas o renovadas fórmulas artísticas de contenido y estilo. Son productos de una sensibilidad fina y original a la que, en concepto de algunos, es aplicable con justicia el apelativo de moderna por su novedad y contemporaneidad. La orientación modernista tuvo innumerables cultores en América y en España, pues dejó sentir su peso incontenible en la época de mayor auge y en los años que le siguieron. Las modalidades personales que adquirió el modernismo, con el correr de los años, en nada invalidan las influencias múltiples que han tenido sus rasgos esenciales en el desarrollo y renovación de la prosa y del verso del siglo XX.
El mundo de los imanes
El juego de peces imantados es una diversión muy conocida por los niños. A cada uno de los palitos que se usan para pescarlos va sujeto un hilo del que cuelga un imán de herradura. Con el imán, el jugador atrae los peces artificiales, los cuales tienen un arillo metálico en el extremo.
Hay muchos otros juguetes imantados o magnéticos. Por ejemplo, los juegos de dardos, con imán en los dardos y en el blanco; aeropuertos, en los cuales los avioncitos de acero se mueven por imanes; muñecas que se pegan al piso; teatros cuyos actores se mueven por el mismo sistema, y otros no menos divertidos. Un sencillo imán puede usarse como juguete.
Hay muchos otros juguetes imantados o magnéticos. Por ejemplo, los juegos de dardos, con imán en los dardos y en el blanco; aeropuertos, en los cuales los avioncitos de acero se mueven por imanes; muñecas que se pegan al piso; teatros cuyos actores se mueven por el mismo sistema, y otros no menos divertidos. Un sencillo imán puede usarse como juguete.
¿Cómo llegó el Apolo a la Luna?
El 16 de julio de 1969, despegó un cohete Saturno llevando la nave espacial Apolo 11. Había tres astronautas a bordo —Neil Armstrong, Edward Aldrin y Michael Collins. Cuando se separaron las dos primeras etapas, se prendió la tercera, y se apagó cuando la nave se colocó en una órbita estacionaria alrededor de la Tierra. Después, la tercera etapa se prendió de nuevo, lo que empujó a la nave hasta alejarla de la Tierra. Posteriormente el Apolo 11 se separó y los módulos de mando y servicio giraron y se acoplaron al módulo lunar. Finalmente, la tercera etapa del cohete se desprendió. Cuando el Apolo 11 llegó a la Luna, volvió a entrar en otra órbita estacionaria alrededor de ella. Armstrong y Aldrin se deslizaron hasta el módulo lunar y descendieron hasta la superficie de la Luna el 20 de julio. Armstrong fue el primero de los dos que puso un pie sobre la superficie. Exactamente 21 horas después, el módulo lunar despegó. Después de que se acopló al Apolo 11 y los dos astronautas abordaron el módulo de comando, aquél se separó y se estrelló en la superficie de la Luna. Enseguida, la nave espacial regresó a la Tierra. En las misiones Apolo 15, 16 y 17 que siguieron, los astronautas usaron un vehículo lunar para transportarse y mover instrumentos.
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