El torniquete hidráulico

   En el césped de los jardines, el torniquete hidráulico, como dice el poeta:
Al extremo de sus largos brazos, locos de regar constantemente,
dos pájaros irisados se persiguen en ronda...

   Los surtidores de agua que salen del tor­niquete empujan los tubos en sentido in­verso a su chorro, e imprimen un movi­miento de rotación al sistema. Como los cohetes, el torniquete hidráulico es un aparato a reacción. En un principio sir­vió en los laboratorios de física para de­mostrar el fenómeno de la reacción pro­ducida por el flujo de los líquidos.

¿Dónde se creó el ajedrez?

   De acuerdo con la leyenda, este juego fue inventado en el Oriente, en el siglo V, por un personaje llamado Sissa, subdito del rey Ladava, con el fin de distraer a su monarca y hacerlo comprender mejor las artes militares. Los historia­dores y arqueólogos han hallado evidencias de que el ajedrez surgió en la India, o en China, durante el siglo VI o antes de éste, a partir de formas primitivas, cuyas derivaciones aún persisten en ciertas variantes regionales del juego que se practican en Chi­na, Corea, Japón y Malasia. El ajedrez se difundió en Occidente a través de Persia y Arabia. Se supone que llegó a los españo­les a través de los musulmanes, y a Italia por medio de los bizantinos. Pronto el juego de ajedrez tuvo una diosa protectora llamada Caissa.

¿Quién fue el gran químico que murió guillotinado?


A sus 25 años, Antoine-Laurent Lavoisier era ya famoso por sus investigaciones y fue elegido miem­bro de la Academia de Ciencias. Había nacido en 1743 en París, en el seno de una familia acomodada, lo que le permitió estudiar en los mejores colegios de la capital; no tardó mucho en demostrar unas extraordinarias aptitudes para asi­milar todos los conocimientos exis­tentes entonces sobre el mundo de la química y adentrarse en ese mun­do casi desconocido con sorpren­dente clarividencia. La contribución científica más im­portante de Lavoisier fue la de de­terminar las propiedades del oxí­geno y explicar con certeza el fe­nómeno de la combustión. Hasta entonces se había aceptado la teoría flogística de Stahl, según la cual los cuerpos combustibles con­tienen un elemento, el flogisto, ca­paz de transformarse en materia del fuego por la acción de una tempera­tura elevada. Lavoisier explicó que la combustión consiste en la combi­nación del oxígeno con otros ele­mentos. Demostró que la combustión puede ser rápida, por ejemplo al quemarse la madera, o lenta, por ejemplo al oxidarse el hierro. La­voisier pudo explicar así la alimenta­ción como proceso de combustión. Lavoisier no sólo es considerado el fundador de la química moderna, sino también el primero capaz de ponerla al alcance de todos los hombres, liberándola del oscuro lenguaje que había heredado de la alquimia. Lavoisier definió a la ma­teria por su propiedad de tener pe­so, estableció un sistema de no­menclatura química que se ha con­servado hasta hoy y expuso una tabla de elementos que contiene 23 elementos verdaderos. Todo ello está recogido en la obra fundamen­tal del químico parisino: Traite élémentaire de Chimie, calificada co­mo la primera gran síntesis de los principios de la química. En esa obra se expone igualmente su fa­mosa ley de la conservación de la materia: Nada se crea...; en todo proceso hay una cantidad igual de materia, tanto antes como después del mismo.