Numerosos factores entran en juego cuando se trata de conducir agua en cantidad suficiente hasta el foco del fuego, para conjugar eficazmente la acción de extinción y de enfriamiento del líquido con el efecto mecánico de un poderoso chorro que corta el paso al incendio. Las leyes de la hidráulica son las preponderantes en estos casos. La longitud, el diámetro y la rugosidad de las paredes de un conducto influyen sobre la velocidad del agua y, en consecuencia, sobre su presión a la salida de la manga. También hay que tener en cuenta algunas reacciones de la manga. Cuando el agua brota rápidamente, el instrumento está sometido a una reacción semejante al retroceso experimentado por un fusil en el momento del disparo. Cuanto mayores son los orificios, mayor es la potencia del chorro a condición de que la bomba proporcione el caudal deseado. Una manga de 14 mm, alimentada con una presión de 6 kg, sólo da una reacción de 18 kg. Pero una manga de calibre 30 mm, alimentada con la misma presión, dará una reacción de 80 kg, que ningún hombre podría resistir.
La manga de incendios está compuesta de una lanza en forma de cono truncado, de un grifo de cierre y de una boquilla de orificio cilíndrico. Las mangas se clasifican en pequeñas y grandes, según sea el calibre de este orificio. Un difusor puede estar unido a la boquilla, o bien reemplazar a ésta. Esto permite obtener la pulverización del agua que se utiliza para combatir los fuegos de las instalaciones eléctricas de alta tensión, puesto que las finas gotitas están separadas unas de otras por una capa de aire aislante que se opone al paso de la corriente.