¿Dónde se encuentran los Everglades?

   Los famosos marjales de los Everglades ("ciénagas eternas") cubren 6.104 km2. Han sido convertidos en parque nacional americano en Florida, para así proteger una insólita vegetación acuática y la curiosa fauna de aquella zona, amenazada por los cazadores.
   El parque nacional de los Everglades de Estados Unidos, protege la vida animal y la vida vegetal acuática en estado sal­vaje. La caza y la destrucción están prohibidas a los visitantes, que pueden admirar la hermosura de una natu­raleza tan exuberante como cruel. Un denso bosque ha surgido en los exten­sos marjales, donde se dan además las plantas más bellas y variadas: gardenias, azaleas, camelias. Cipreses y robles apenas dejan penetrar la luz del sol. En este espeso bosque, húmedo y cálido, pulula una fauna muchas veces hostil: voraces caimanes, nubes de ruidosos mosquitos, serpientes vene­nosas y monstruosos galápagos. El parque de los Everglades es tan suges­tivo como inquietante.

¿Qué es el granizo?


   Las nubes están formadas por diminutas gotas de agua. Al condensarse en gotas más grandes, generalmente caen en forma de lluvia. Si al bajar o al subir atraviesan una zona de aire glacial, las gotas de lluvia se hielan y se transforman en granos de hielo: es el granizo.
   El granizo suele caer durante las tormen­tas. En este caso, proviene de los grandes nubarrones negros, en forma de yunque, conocidos con el nombre de cúmulo-nimbos. Estas nubes cargadas de lluvia son aspiradas hacia regiones de la atmósfera en las que reina un frío intenso. Las go­tas de lluvia se transforman en hielo y caen antes de haber tenido tiempo de derretirse. El granizo, cuando es muy blan­co, está formado por cristales soldados por el hielo: es el granizo menudo. Cuando el granizo es grande y pesado, causa graves daños a los cultivos y a las instalaciones situadas al aire libre.

La vegetación en la tundra

   Sobre las tierras y las islas hiperbóreas, se extiende un verdadero desierto frío y desolado, que avanza al encuentro de las costas glaciares del Ártico, más allá de la vegetación arbórea, que raquí­tica y tímida, aterida por los terribles fríos, se queda a más bajas latitudes, como temerosa de los excesos y de las inclemencias del riguroso clima.
   En el norte de Europa, en las llanuras septentrionales de Siberia y en Alaska, establece su imperio la tundra inacabable. En algunos lugares donde las inclemencias del clima se atemperan, se forman ra­quíticos oasis, valga la expresión. Cerca de los cursos de agua o en las proximidades de los fiordos, ver­dean anémicas praderitas, en las que se ven pobres matorrales formados por sauces y árboles enanos achaparrados, que en climas más benignos que la tundra, adquie­ren más airoso y elevado porte.
Pese a esta engañosa y optimista apariencia, la vegetación típica de la tundra está representada por un incompleto tapiz de musgos y líquenes, desga­rrado por tristes y yermos calveros. A dos tipos de tundra da lugar esta vegetación: a la de líquenes y a la de musgos. En todos sus lugares, el aspecto seco o xerofítico es la nota característica.