El Sintoísmo

   El sintoísmo es la religión oficial de Japón; Shinto significa camino de los dioses, según indican las palabras Shin-dios y to-camino. Su culto se remonta a tiempos muy remotos; con diversas modificaciones y acomodo a las diferentes épocas, ha llegado hasta nosotros conservando sus principios esenciales y más importantes ritos.
   Se basa en el culto de las fuerzas y energías naturales, en los temores e in­quietudes que producen en el hombre y en su sentido reve­rencial los dones y beneficios que recibe de la Naturaleza. Dentro de una concepción po­liteísta, el Shinto deifica al sol, al fuego, al viento, a la tierra, al agua y a otros gran­des agentes naturales, así co­mo a sus manifestaciones con­cretas, como las rocas, los arroyos, los volcanes, los ríos, las flores, los árboles y tantos otros elementos que animan y prestan su belleza al escena­rio grandioso de la Naturaleza, A este ciclo, se agrega el cul­to de los antepasados, los hé­roes y las grandes personali­dades históricas del país, a los que se dedica hasta una especie de Olimpo nipón. En­tre el ciclo natural y el humano, se establece una relación poético-religiosa, y así, Jim-mu, emperador legendario de la actual dinastía imperial, desciende de la sin par Amaterasu, la diosa del Sol, que es en la jerarquía religiosa del Shinto lo que Zeus olímpico es en la mitología griega.

El san Bernardo


El útil san Bernardo, un perro invaluable en labores de rescate
Estos perros, de una raza antiguamente muy extendida en Suiza, logra­ron celebridad con el nombre de san Bernardo porque los monjes de la hospedería-refugio del desfiladero del Gran San Bernardo, en los Alpes, los educaron como salvadores de los alpinistas extraviados.
Un pelo muy espeso protege al san bernardo, animal de gran tamaño dota­do de extraordinaria fuerza. En su edad adulta llega a alcanzar el peso de un hombre. Es valeroso y tenaz y posee un olfato muy fino que le permite dirigirse en medio de un violento temporal de nieve, en busca del cuerpo de un alpi­nista sepultado por un alud. Pende de su cuello un barrilito lleno de una bebida alcohólica destinada a reanimar al excursionista extraviado. Frente a la hospedería del Gran San Bernardo se ha erigido una estela en recuerdo de "Barry", el más famoso de esos perros salvadores. Treinta perros de esta raza, bien entrenados para su cometido, es­tán siempre preparados en la hospede­ría, para salir en misión de salvamento de posibles víctimas de la montaña.

Las mitológicas sirenas

   Según las antiguas creencias mi­tológicas de los grie­gos, eran las sirenas ninfas del mar que con su canto atraían a los navegantes, víctimas de la crueldad de estos genios malignos. Se las describía habitando prados floridos y de­leitosos, entenebrecidos por huesos humanos. Se cuenta que Ulises, cuando pasó por la isla de las Sirenas, pa­ra librarse de sus se­ducciones, se hizo atar fuertemente a la nave y tapó sus oídos con cera de abejas. Despues de que salvó este peligro, las sirenas, desespe­radas por su fracaso, se lanzaron al mar y fueron convertidas en los islotes o peñascos de las Siremusas, que se encuentran cerca de las costas italianas. En las antiguas representaciones griegas, las sirenas aparecían como aves singulares, con la cabeza, el pecho y los brazos de mujer.