¿Cómo se desarrollaban los tor­neos medievales?


   Cuando no se hallaban ocupados en las frecuentes guerras al servicio del rey o de su señor, los caballe­ros tenían ocasión de demostrar su valor y coraje en los torneos, es decir, en los combates a campo ce­rrado.
Cumpliendo las órdenes del señor que lo organizaba, los mensajeros iban de castillo en castillo comuni­cando la noticia del torneo, y los caballeros se apresuraban a dirigir­se al lugar convenido en compañía de sus séquitos. La misa, religiosa­mente oída, iniciaba la jornada del torneo, que por regla general se desarrollaba en el patio del castillo o en una explanada cercana. Los caballeros se retaban y batían en presencia de los entusiasmados es­pectadores: los señores, los jueces y las damas que premiaban a los vencedores. Además, asistía a los torneos una ruidosa y pintoresca muchedumbre de campesinos y vi­llanos, que apostaban entre ellos por los distintos campeones.


¿Quiénes eran las sibilas?


   Según una antigua tradición romana, una sibila o profetisa llegó a Roma, procedente del Este, y ofreció al rey Turquino nueve libros de pro­fecía, pero a un precio tan elevado, que el rey se negó a comprarlos. Entonces, la sibila destruyó tres de estos libros y ofreció los seis restantes al rey al mismo precio en que le había ofrecido los nueve. Otra vez se negó el rey a comprarlos y ella destruyó otros tres, después de lo cual, pidió como precio de los restantes la misma cantidad que en un principio. Entonces, la curiosidad y el temor indujeron a Tarquino a comprarlos. Se dice que contenían prudentes consejos sobre la religión y el gobierno de Roma, y se conservaron cuidadosamente en el templo de Jú­piter; fueron consultados siempre ante problemas de carácter nacional.
   Cuando el templo de Júpiter fue quemado el año 83 antes de C., se hizo una nueva colección de má­ximas y consejos de cerca de mil renglones, recogida de todas las ciudades de Grecia, Italia y Asia Me­nor, conservada hasta el año 404 ó 408 después de C., fecha en que los cristianos consiguieron que fuese quemada públicamente.
   Los autores griegos y romanos citan a varias si­bilas o profetisas, las cuales, según la leyenda, vivían hasta edades increíbles. En la Capilla Sixtina de Roma, se admira una famosa pintura mural de Mi­guel Ángel en la que aparecen cinco famosas si­bilas, que fueron en realidad mujeres sabias a las que los antiguos atribuían don profético: la de Cu­mas, la Deifica, la Eritrea, la Líbica y la Pérsica. Se las consideraba inspiradas por alguna divini­dad, especialmente Apolo, y vivían en cuevas aisla­das o junto a manantiales que consideraban fuentes de inspiración, a donde se acudía a consultarlas.

Jengibre

   El jengibre es una especia o condimento bien conocido. La planta de jengibre común se encuentra en el Oriente y las Indias Occidentales. La raíz gruesa, carnosa y del tamaño del dedo de un hombre, levanta hasta unos 60 o 90 cm sus tallos en forma de caña. El jengibre comercial se obtiene de las raíces, ya sea secando la raíz, o mediante el raspado y lavado.
   La cerveza de jengibre se hace de jengibre, azúcar, limón, crema tártara, etc. El pan de jengibre es un pan dulce familiar. El aceite de jengibre es utilizado como un remedio para mitigar el dolor. La conserva de jengibre es un dulce popular.