El Tenista


   En cada país, los jugadores son clasificados por su federación respectiva. Los mejores forman el equipo nacional o son contra­tados como profesores en clubes deportivos.
   Los tenistas profesionales sólo suman algunas decenas. Un reducido y selecto público paga elevados precios para asistir a los partidos disputados en todo el mundo durante las giras y las competiciones. Cada exhibición es una lección de técnica, un curso de táctica, un modelo de fortaleza y de cortesía. Un juga­dor percibe una remuneración fija muy elevada y primas considerables por cada victoria. La profesión resulta penosa. Hay que desplazarse constantemente, conservar una forma física perfecta y mejorar sin descanso su técnica y su estilo. Los grandes jugadores aficionados llevan una vida muy parecida, pero no perciben ningún sueldo, por lo que han de tener dinero propio para poder vivir y seguir jugando.