¿Quién fue la primera mujer que ganó un Premio Nobel, y cuyo esposo, hija y yerno lo ganaron también?


   A Marie Curie no sólo se la consi­dera como la figura femenina más prestigiosa de la historia de la Ciencia, sino también como el miembro más descollante de una familia realmente única; una familia de científicos ca­paces de compartir una verdadera colección de Premios Nobel. Marie Sklodowska, de origen pola­co, se doctoró en Ciencias en la Sorbona de París y en 1895 se casó con el también doctor en Ciencias Fierre Curie. Juntos constituyeron la más compenetrada y fecunda pareja de investigadores que pueda pensarse.

   La mayor parte de las aportaciones al estudio de la radiactividad han sido el fruto de su labor conjunta. En 1897 descubrieron que las sales del torio emitían radiaciones como las del uranio, y demostraron que la radiac­tividad es una propiedad atómica que depende de la proporción de elemen­to radiactivo que se dé en los compuestos. Al año siguiente lograron aislar un nuevo elemento de enorme poder radiactivo; había que buscarle un nombre y Marie Curie propuso que se llamara polonio, en honor a su patria de origen. Y ese mismo año ambos cónyuges descubren un nue­vo elemento químico: el análisis espectroscópico de cierta cantidad de pechblenda puso de manifiesto la presencia de un elemento descono­cido al que los esposos Curie llama­ron radio. Ante la incredulidad de los científicos, los Curie tuvieron que trabajar cuatro años hasta extraer, después de miles de análisis de to­neladas de pechblenda, un decigra­mo de radio puro y poder determinar su peso específico y su color, de un azulado brillante y luminoso. En 1903, el matrimonio obtuvo el Premio Nobel de Física, que compartie­ron con otra eminencia en el cono­cimiento de la radiactividad, Antoine Becquerel. Marie Curie era así la primera mujer que inscribía su nombre en las listas de tan presti­giosos galardones. En 1906, Fierre Curie muere atrope­llado por un coche de caballos; su esposa le sucede en la cátedra de Física de la Sorbona. Es la primera mujer que ocupa una cátedra uni­versitaria en Francia, aunque no llegó a ocupar el sillón que por dere­cho le correspondía en la Academia de Ciencias, por la burocrática razón de ser mujer. Este impedimento ni siquiera pudo superarse cuando de nuevo Marie Curie obtuvo en 1911 otro Premio Nobel, esta vez el de Química, por haber logrado el ais­lamiento del radio metálico puro. Marie Curie, madre de familia ejem­plar y abnegada investigadora, no pudo vivir el acontecimiento que sin duda hubiera supuesto la culmina­ción de su vida de científica y de madre.

   Al año siguiente de morir ella, su hija Irene Curie y el marido de ésta, Frédéric Joliot, eran recom­pensados con el Premio Nobel de Química de 1935. También ellos ha­bían seguido la vocación científica de los Curie y habían logrado igual­mente sacar el máximo provecho a su mutua colaboración: juntos des­cubrieron la radiactividad artifi­cial y llevaron a cabo importantes investigaciones sobre la estructura atómica.