Historia de la lucha

   La lucha es uno de los ejercicios de­portivos más antiguos, según lo revelan los re­lieves de los sepulcros murales descubiertos en el templo de Beni-Hassán, en Egipto. Allí han quedado esculpidas numerosas escenas en que están representadas casi todas las presas y caídas de este deporte, observándose que son muy parecidas a las que se practican en la actualidad.

   La narración que se hace en el libro XXIII de la Iliada al hablar del combate entre Ayax y Ulises concuerda con lo representado en los relieves de Beni-Hassán. Aunque no se sabe a punto fijo dónde tuvo su origen, la lucha, como deporte, se supone que fue introducida en Grecia traída de Egipto o de Asia. Lo que sí es un hecho es que figuró por primera vez en el programa de la Olimpiada XVIII, el año de 704 a. de J.C. Tuvo tan buena acogida que no tardó en ser considerada como el evento más importante de los cinco que constituían el péntalo.

   Por muchos años fue la lucha un deporte sumamente rudo, ya que era permitido golpear al adversario con el pie o con la cabeza y aun aplicarle en la garganta presas de estrangu­lación. Esta forma de lucha era conocida con el nombre de pancracio, que resultaba, por lo tanto, un ejercicio intermedio entre la lucha y el pugilato. De conformidad con la impor­tancia que los griegos concedían a la esté­tica, se enseñaba a los luchadores a adoptar actitudes airosas en todos sus movimientos.

   Existían en Grecia dos variedades princi­pales de lucha clásica: la palé orthé o lucha en pie, y la alindesis o culisis, llamada en Roma lucta volutatoris, en la que los adversarios se­guían luchando aun después de caídos, hasta que uno de los dos admitía su derrota. A esta variedad pertenecía el pancracio. En cambio, en la lucha en pie, forcejeaban los contendien­tes recurriendo a presas muy parecidas a las que se conocen hoy, hasta que el encuentro se decidía en favor del que hubiese ganado tres caídas de cada cinco. Una modalidad de este estilo de lucha consistía en que uno de los luchadores se situaba en el centro de un cír­culo reducido y desafiaba a su adversario a sacarlo de allí. En las diversas provincias de Grecia existían también algunas otras moda­lidades locales.

   El más famoso de los antiguos luchadores griegos fue Milón de Crotona (520 a. de J.C.) quien llegó a obtener el triunfo 32 veces en competencias nacionales, de las que seis fue­ron Olimpiadas.

   La lucha griega se introdujo en Roma hacia fines del siglo II anterior a la era común, pero no llegó a alcanzar la popularidad que tuvo en Grecia. Los romanos eliminaron algunas de las brusquedades de que adolecía el de­porte, y dichas reformas prevalecieron en los Juegos Olímpicos después de dominada Grecia. Así nació la lucha grecorromana, que practi­can hoy muchos aficionados y que está incluida en el programa de los Juegos Olímpicos mo­dernos.

   La afición a la lucha ha perdurado entre muchos pueblos de Asia, especialmente en la India y Japón. Se sabe que en este último país se celebró la primera lucha el año 23 a. de J.C., habiendo resultado vencedor Sukune, tenido hasta hoy como la divinidad protecto­ra de los luchadores japoneses. La lucha su­frió en Japón modificaciones radicales, y de allí surgió un estilo nacional llamado jiu-jitsu.


La Lucha Moderna
En años recientes se ha despertado tanta afición entre el público por asistir a encuen­tros entre luchadores profesionales que esta clase de exhibiciones ha dejado de constituir un evento deportivo para convertirse en un espectáculo. Los luchadores adoptan apodos rimbombantes, tales como "El Enmascarado", "El Estrangulado/', "El Santo", etc., y además de emplear todas las presas y caídas usuales en la lucha libre, han introducido toda una serie de farsas espectaculares—muecas, puñe­tazos, mordidas, puntapiés, etc.—que divierten y apasionan a los espectadores incautos.

   En cambio, la lucha que se practica entre aficionados es algo totalmente diferente. Se observan reglas muy estrictas para eliminar las presas demasiado rudas o peligrosas y tam­bién toda artimaña impropia de un deportista. Predominan entre los aficionados dos estilos de lucha: la grecorromana, que es la más po­pular en Europa, y la llamada catch-as-catch-can, por algunos, y lucha libre, por otros, que es la preferida por los deportistas en América.

   En la lucha grecorromana no se admiten los saltos ni presa alguna abajo de la cadera. En cambio, en la catch-as-catch-can, las presas se hacen donde se pueda, menos en el cuello. Es­tán prohibidos también los puñetazos, punta­piés y el estrujamiento de los dedos. En los dos estilos, la victoria la obtiene el luchador que logra obligar al contrario a tocar con am­bas espaldas (omóplatos) el suelo.