El proletariado y su lucha por mejores condiciones en el trabajo

   Frente a la arbitrariedad patronal, muy común durante el siglo XIX, los obreros tuvieron que conformarse con magros salarios, horarios extenuantes hasta de trece horas diarias y pésimas condiciones de trabajo. Estos abusos —más inhumanos aún, tratándose de mu­jeres y niños— fueron creando un gran descontento y agitación entre los pro­letarios (así llamaban en la antigua Roma a los ciudadanos pobres que no tenían otra riqueza que la prole, sus hijos).
   Aparecieron entonces en Europa doctrinas que se propusieron resolver el pro­blema limitando el derecho de los empresarios en beneficio de los obreros, y propugnando una nueva distribución de la riqueza.
   Temiendo por las resultas del movimiento obrerista los sindicatos fueron prohibidos aun en los países más liberales, considerándoselos subversivos y ex­tremistas. Sin embargo en Gran Bretaña se los autorizó en 1824, y nueve años después se constituyeron las "Trade Unions" (asociaciones o gremios de obreros), que en su primer enfrentamiento con las entidades patronales obtu­vieron la limitación de la jornada de trabajo a 8 horas.
   En los Estados Unidos el movimiento sindicalista asumió caracteres de gran organización a partir de 1869 en que se constituyó en Filadelfia la "Noble Orden de Caballeros del Trabajo" (K. of U.) —al principio secreta—, cuyo lema era: "La ofensa contra uno es ofensa contra todos".
   Mucho tiempo había de transcurrir todavía para que la gran industria com­prendiera que el adelanto técnico de la máquina no es incompatible con la humanización del trabajo, y que el salario no es un precio del rendimiento, sino un medio de vida y una esperanza. Y en el ámbito jurídico fue abriéndose paso —como regulador de las relaciones laborales— una especial concepción de la justicia que se ha dado en llamar el Derecho del Trabajo.