Antonio de Ulloa

Antonio de Ulloa
Antonio de Ulloa (1716-1795)
   La apasionante discusión que en el siglo XVIII se planteó acerca de la forma de la Tierra fue causa de que la Academia de Ciencias de París enviase dos comisiones: una a Laponia y otra al Ecuador, presidida esta última por el eminente sabio francés La Condamine, al que acompañaban Godin y Bouguer. Queriendo el rey francés Luis XV asociar a esta empresa el nombre de España y buscar al mismo tiempo con ello apoyo para la empresa, solicitó del rey Felipe V coopera­ción para esta, expedición científica, a lo que accedió gustoso el monarca español, que incorporó a ella a dos marinos de la Armada: Jorge Juan y Antonio de Ulloa, a la sazón, dos muchachos de 21 y 19 años respectivamente. Gran extrañeza causó entre los sabios franceses el nombramiento de estos dos jóvenes, cuyos mé­ritos desconocían. Los comisionados de Espa­ña fueron en un prin­cipio tomados medio en broma y considera­dos por los franceses como dos muchachos inexpertos. Mas pron­to la comisión francesa supo apreciar los méri­tos de los dos marinos españoles; como dice un biógrafo: "si al principio los tomaron por pigmeos, pronto tuvieron que confesar que eran verdaderos gigantes".
   Después de una lar­ga odisea y de una permanencia prolonga­da en Panamá por fal­ta de medios de transporte, llegaron, por último, a Guayaquil en 1736. Vencidas muchas difi­cultades, comenzaron en junio del mismo año las operaciones geodésicas, en las que Ulloa se distinguió sobremanera; su labor excedió a todo elogio y pon­deración.
   Jorge Juan y Ulloa dieron cuenta de su hon­rosa misión en dos memorias impresas en Madrid en los años de 1847 y 1848; el primero se ocu­pó, sobre todo, de la parte geodésica y astronómica, y el segundo, de la histórica y narrativa. La trian­gulación geodésica tuvo una extensión de 76 leguas entre el pueblo de Mira, cerca de Quito, y el cerro de Pillat-Chiquir, cerca de la ciudad de Cuenca, que desde este momento, fue histórico.
   Fue Ulloa hijo de ilustre familia sevillana, nacido en la ciudad del Betis en 1716. Siendo muchacho aún, a los 13 años, su padre lo embarcó en el galeón San Luis, mandado por el Marqués de Torre Blanca, íntimo amigo suyo; llegó en su navegación hasta Cartagena de Indias. A su regreso a España, en 1732, entró en la Escuela de Guardias Marinas de Cádiz, en donde obtuvo las máximas calificaciones y llamó justamente la atención. Poco después de terminada su carrera, embarcó en el navio Santa Teresa, que con el Galicia y el Real, llevaba tropas españolas en auxilio del rey de Ñapóles, Carlos, en guerra con Austria: el que había de ser más tarde Carlos III de España.
   Al terminar Jorge Juan y Ulloa sus trabajos e investigaciones en América, decidieron regresar en buques distintos, para que fuese más difícil la pér­dida de sus instrumentos y resultados. Ulloa embar­có en el Callao en la fragata francesa Délivrance, que fue apresada por los barcos ingleses en 1745, a la vista de Terranova. Ulloa llegó a Inglaterra como prisionero, pero pronto se captó la consideración y el respeto del gobierno inglés y del Almirantazgo, que estaba presidido por el Duque de Bedford. Ante la enorme valía de Ulloa, se le permitió ir a Londres y recuperar sus documentos y aparatos: allí, cono­ció al presidente de la Royal Society, Martin Folkes, que lo agasajó y lo presentó a los miembros de esta ilustre corporación, en la que fue admitido como miembro. Folkes influyó para que se le dejara en libertad; Ulloa regresó a Madrid en julio de 1746, En este período, la Academia de Ciencias de París también lo había nombrado socio correspondiente.
    Tiene, entre otros méritos, el de haber dado a co­nocer en Europa el platino como elemento simple, el cual era tenido por los franceses por un compuesto. Él llamaba a este metal Platino del Pinto, nombre tomado del río de Colombia donde lo encontró entre sus arenas. Los franceses llamaron a este elemento platine, de donde nosotros tomamos el nombre de platino, olvidando el que le había dado Ulloa en cas­tellano. Su prestigio fue considerable. El rey lo co­misionó para que recorriera Europa con el fin de adaptar en España los adelantos de las ciencias de los países más cultos.
   El gobierno le enconmendó distintas empresas. A él, se deben la reorganización de la Real Fábrica de Paños, la organización de los colegios de Medicina y Cirugía, la terminación de los arsenales de El Fe­rrol y Cartagena; la ordenación de las minas de Almadén y la iniciativa para que se cruzasen las ovejas churras con las merinas, con lo que se obtuvo mejor calidad de lana. Fue enviado como superinten­dente de Huancavelica, en Perú, con el fin de orga­nizar la explotación del azogue en esta zona; fue gobernador de la Luisiana meridional, y más tarde, de la Florida. Ocupó después la Dirección Gene­ral de la Armada.
   Son muchas las obras de Ulloa que merecieron el honor de ser traducidas a distintos idiomas, algunas de ellas, muy elogiadas por los sabios más eminen­tes de su época. Es el sabio español más completo de su tiempo; conjuntamente con Jorge Juan, le cupo la gloria de colocar a la ciencia española en un lugar prominente, en una época en que por la falta de atención que los gobiernos en general concedían a los estudios científicos, estaban éstos en un período de balbuceos y de franca decadencia.