El Fausto de Goethe

   Todos saben que en otros tiempos se creyó que los hombres podían pactar con el diablo. Durante la Edad Media y la Edad Moderna, muchas personas de toda condición —hombres y mujeres — fueron acusados de haber pactado con el demonio, ofreciéndole a cambio su alma, que es el único precio que aquel establece a cambio de sus favores. De entre todos los pactos demoniacos, sin embargo, pocos tan célebres como el que un anciano y orgulloso sabio, ávido de conocimientos, celebró con el diablo encarnado en Mefistófeles. Dicho pacto y sus consecuencias sirven de argumento a la inmortal obra Fausto, escrita por Goethe.
   Fausto, tras su acuerdo con el diablo, rejuvenece. Mefistófeles le ofrece todos los placeres, pero Fausto los rechaza. El diablo le conduce entonces ante Margarita, bellísima muchacha de la que Fausto se enamora al instante, exigiendo al diablo que haga que ella le corresponda. Mefistófeles consigue lo que Fausto le solicita, pero los acontecimientos se suceden de tal forma que Fausto se siente luego profundamente arrepentido. Margarita muere y su alma asciende al cielo, llevándose consigo el alma del arrepentido Fausto, que supo resistir las nuevas tentaciones que le sugirió el diablo.
   El Fausto de Goethe no constituye únicamente una de las obras maestras de la literatura mundial de todos los tiempos, sino también el símbolo del ansia humana hacia el infinito.
   Johann Wolfgang Goethe nació en Frankfurt en 1749. En 1775 se trasladó a la corte de Weimar, donde falleció en 1832, rodeado de fama y prestigio universales. Además de Fausto, escribió otra gran obra: Las desventuras del joven Werther.