¿Qué son las bujías?

   En la culata —cámara de combustión—de cada cilindro del motor se encuentra ator­nillada una bujía que produce las chispas que inflaman periódicamente la mezcla gaseosa procedente del carburador. Pensemos que la presión de explosión se eleva hasta 40 o 50 kg por cm2 y que la temperatura de los gases alcanza, en el motor de cuatro tiempos, de 2 000 a 3 000 °C, según el nivel de compresión y el régimen de revolución del motor. Por lo tanto, la bujía está sometida a duras pruebas.
   El hilo que lleva la corriente de alta tensión está fijo en un vastago metálico—electrodo central— que atraviesa la bujía de una parte a otra. Dicho vastago va empotrado en un cuerpo que posee un alto poder aislante, en general a base de alúmina. Un segundo electrodo está situado en el casquillo me­tálico de la bujía, que va atornillado a la culata. Las puntas de los electrodos tienen entre sí una pequeña separación, del orden de las 5 u 8 décimas de milímetro. Cuando están gastadas, acaban por separarse demasiado y la chispa ya no puede produ­cirse.
   Es necesario que la parte del aislador expuesta a la combustión de los gases alcance un mínimo de 500 °C, a fin de que se queme el carbono que se deposita en su superficie. Sin embargo, la tempera­tura no debe exceder de los 850 °C para evitar la inflamación accidental (auto encendido) de la mezcla carburada. Por esta razón, la culata está refrigerada con una corriente de agua. Existen bujías de diferentes grados térmicos, adecuadas para los distintos motores.